31 ene 2012

El monte de la satisfacción

Nuestro encuentro con Julio Cortázar había servido como estímulo para seguir abriendo nuestras mentes y ver la literatura desde un prisma diferente, apenas habíamos dormido y nos encontrábamos realmente cansados; pero la posibilidad de volver a aquella cueva y cruzar las puertas hacia el mundo de la educación nos hacía sentir una ilusión especial…

Todos estábamos impacientes y pensábamos que, posiblemente, el señor Keating nos volvería a llevar a las puertas del mundo de la educación y comenzaríamos una nueva aventura; pero nuestro guía llegó acompañado de Irune y la confusión se apoderó de todo el grupo.

Ambos me sonreían mientras explicaban al grupo que aquel día iban a llevarnos al abrupto “monte de la satisfacción” y que debíamos estar preparados para saber que sería una difícil ascenso y que lo único que encontraríamos en la cima sería nuestra propia satisfacción por el esfuerzo realizado en la escalada; aunque, desde aquel momento, sentí que merecía la pena intentarlo.

Aquel monte era más empinado de lo que jamás hubiera supuesto en un principio y, sinceramente, en ese preciso momento veía a otros compañeros mucho más preparados para llegar a la cima; así que, en un primer momento, me quise plantear aquella escalada como una aventura que debía llevar a cabo poco a poco y sin objetivos secundarios.

Parecía que estábamos ante el inicio de un largo trayecto, pues desde la base del monte de la satisfacción no éramos capaces de ver la cima y no sabíamos que nos podría deparar el destino; pero Irune y el señor Keating nos avisaron de que aquella escalada nos haría recordar todo cuanto habíamos vivido desde que comenzamos nuestro viaje hacia el mundo de la literatura.

Enseguida me puse en camino acompañado de algunos de mis compañeros mientras veíamos cómo otros se quedaban atrás con la firme intención de comenzar más tarde el ascenso; nuestros primeros pasos eran lentos y algo torpes, parecíamos algo confusos y ni siquiera sabíamos hacia dónde debíamos dirigirnos, pero pronto llegamos a un lugar que evocaba las calles de la literatura infantil y el puerto rodeado por el mar de letras.

Tenía una sensación algo extraña, pues caminaba con paso firme junto a unos compañeros que, a pesar de seguir a mi lado, parecían tomar diferentes rutas hacia un mismo destino; así que continué caminando y pronto entendí que aquel ascenso por el monte de la satisfacción no era más que el recuerdo de mi propia aventura.

Ahora lo entendía todo… ¡¡¡Cada uno de nosotros había comenzado una aventura que, a pesar de afrontar juntos, llevamos a cabo de forma individual!!! ¡¡¡Comprendí que nuestra única compañía había sido siempre el propio afán de superación y el deseo de completar de forma digna aquel viaje!!! ¡¡¡La escalada por el monte de la satisfacción no era más que una ilusión en la que cada uno estaba reviviendo su propio viaje!!!

Según avanzaba por aquel monte iba recordando cada una de las sensaciones y sentimientos que me habían acompañado durante el viaje, rememoraba los lugares por los que había pasado y notaba como el caminar se hacía más rápido; pero lo que realmente me sorprendió fue darme cuenta de que aquella aventura se había convertido en un refugio para mí… ¡¡¡Era la manera en que conseguía evadirme de mis problemas y preocupaciones!!! ¡¡¡La forma en que me sentía algo mejor conmigo mismo!!! ¡¡¡El único modo de liberarme y de poder decir muchas cosas sin necesidad de decirlas!!!

Continué avanzando mientras pensaba en lo mucho que me había aportado aquel viaje y en la fuerza que me había proporcionado la aventura durante unos meses muy duros para mí; así que, cuando durante mi escalada recorrí el último de los pueblos que llevaban al mundo de la literatura, mi objetivo cambió radicalmente…

Ya había ascendido bastante, estaba en el punto del monte de la satisfacción en el que muchos de mis compañeros decidirían quedarse, en aquel lugar que recordaba al pueblo de los grandes literatos y en el que se encontraba la entrada al mundo de la literatura; pero yo necesitaba seguir avanzando, necesitaba sentirme bien conmigo mismo y pensar que, en ocasiones, el esfuerzo trae consigo una recompensa…

Desde aquel momento me propuse llegar a lo más alto de aquel monte y seguir el viaje hasta lo más alto para que la satisfacción que había supuesto aquella aventura, siguiese presente para siempre; deseaba poder sentir que aquel viaje con el que tanto me había identificado se convertía en algo inmortal y que era capaz de conseguir grandes cosas a pesar de aquellos pensamientos negativos que me habían invadido al principio…

¿¿Estaría la clave en el esfuerzo?? ¿¿Sería imprescindible disfrutar de aquel viaje para alcanzar el éxito?? ¿¿Podría ayudar la propuesta de un objetivo más definido y ambicioso?? ¿¿Acaso sería mi deseo de dedicar la conquista de mi objetivo personal lo que me ayudaba a seguir escalando?? ¿¿El hecho de seguir creciendo personalmente era un impulso tan fuerte como parecía??

Cuando me quise dar cuenta, aquella aventura me había absorbido demasiado; se había convertido en un refugio para mí, en una oportunidad para demostrarme a mí mismo que podía conseguir grandes cosas y que a través del esfuerzo y del cariño por algo se puede llegar muy lejos…

El trayecto por el mundo de la literatura me aportaba esa pequeña dosis de felicidad que necesitaba en aquel momento y conseguía aliviarme de otros pensamientos; y aunque algunos de mis compañeros comenzaron a ver en todo aquello una “locura transitoria”, otras muchas personas comprendieron que aquel ascenso hacia la cima del monte de la satisfacción no era más que una forma que había encontrado para sentirme muchísimo mejor en esos momentos.

Los últimos metros fueron bastante duros, me sentía incomprendido por algunos de mis compañeros e incluso las críticas y las burlas me hicieron dudar en algunos momentos; pero entonces recordé el vídeo de Muhammad Ali y comprendí que yo debía seguir luchando por aquello que me había propuesto y que no debía dudar de lo que estaba haciendo, pues mi meta no estaba basada en la ambición, la codicia o el afán de protagonismo, sino en un reto personal que me haría sentir mejor y que me serviría para poner el broche de oro a una aventura inolvidable.

¡¡¡Al fin llegué a la cima!!!

En lo más alto me esperaban el señor Keating, Irune y muchísimos compañeros que habían comprendido los motivos que me habían hecho perder un poco la cabeza en aquella aventura; sentía que todos se alegraban muchísimo por mí y hubo abrazos y felicitaciones por el trabajo bien hecho, pues finalmente todos comprendieron que aquella escalada se había convertido en algo necesario para mí a nivel personal.

Y en aquel momento de satisfacción recordé a aquellas personas que me habían entendido desde el primer momento y a las que había dejado de dedicar un tiempo importante para conseguir un objetivo personal; unas personas que me habían apoyado a pesar de tener que verme inmerso en una aventura que me había apartado temporalmente de ellas y a las que quiero dedicar el premio final de este impresionante viaje.

Por eso debo agradecer el apoyo y la comprensión de mis padres, de mis abuelas, de mi primo Francisco y de algunos amigos a los que no he podido dedicar el tiempo que merecían estos últimos meses (en especial David, Jaime, Cris, Miriam y el resto de “mis niñas” criptanenses); también es necesario destacar el imprescindible apoyo de Rosa desde hace algunos años o la fuerza que me han dado desde algún lugar desconocido esos dos abuelos que, desde pequeñito, me han enseñado que el esfuerzo es imprescindible para alcanzar los objetivos propuestos.

Pero también quiero destacar la confianza que siempre ha tenido en mí una persona muy importante que, probablemente, me vea mejor de lo que realmente soy; una persona muy testaruda que me anima a seguir escribiendo y que me hace querer mejorar día a día.

Finalmente, me gustaría también destacar la paciencia de algunos compañeros (en algunos casos amigos) de viaje que han visto cómo los últimos meses he estado mucho más ausente y que han hecho que esta aventura resultara menos dura.

Por todo ello, y ahora que me he dado cuenta de que mi satisfacción está en poder dedicaros el fruto de mi trabajo… ¡¡¡Muchas gracias a todos!!!

20 ene 2012

Con "G"... ¡¡De glíglico!!

Con lágrimas en los ojos por la emoción que nos había provocado todo aquello que habíamos vivido en la cueva que daba acceso al mundo de la educación, Bafy y yo decidimos ir a tomar un café para reflexionar sobre la importancia de educar en el amor; pero aquellas interminables charlas que manteníamos acabaron provocando que nos perdiéramos…

Ya era tarde y, probablemente, los demás estuvieran desde hace horas durmiendo en el alojamiento que utilizábamos en aquel mundo de la literatura, así que decidimos buscar el camino de vuelta y seguir reflexionando mientras caminábamos; pero la oscuridad de la noche nos provocaba cierta desorientación y no teníamos ni la más mínima idea de qué camino debíamos coger hasta que, en un cruce de caminos, escuchamos una voz argentina canturreando algo que no podíamos entender…

Pronto apareció la figura de aquel hombre que seguía hablando solo, era como si no se hubiese percatado de nuestra presencia; así que decidimos acercarnos para preguntarle cómo podíamos regresar, pero aquel misterioso señor comenzó a reírse mientras nos preguntaba si éramos nosotros aquellos dos “niños perdidos” que se habían separado del grupo de su querido amigo Keating…

¡¡¡Aquel hombre también conocía a nuestro guía!!!

En aquel momento pensamos que podría indicarnos el camino, pero Julio Cortázar prefirió presentarse muy educadamente y proponernos pasar un rato junto a él…

¡¡¡Estábamos ante el autor de “Rayuela”!!!

Ambos habíamos leído el fragmento de aquella obra en la que el señor Cortázar se inventaba un idioma propio conocido como “glíglico”; un idioma que yo jamás hubiese sido capaz de entender si, algún tiempo atrás, mi compañera no me hubiese explicado la importancia de intentar entender las ideas de otras personas y de esforzarse por comprender aquello que se nos quería decir…

Parecía complicado, pero lo único que se necesitaba para conseguir comprender el “glíglico” era abrir un poco más la mente, prestar atención y dejar volar la imaginación.

En aquel momento comprendimos que estábamos ante una oportunidad única y decidimos aceptar la propuesta del señor Cortázar; así que decidimos preguntarle cómo había encontrado la motivación para llegar a crear aquel extraño idioma…

Nada más terminar la pregunta, Julio Cortázar sonrió y nos dijo que una buena amiga le contó en una ocasión la historia de unos niños y que, a raíz de eso, había decidido crear su propio idioma:

“Cierto día, en un patio poco conocido, de un colegio cualquiera, una pareja de niños se hallaba enfrascada en lo que parecía una interesante conversación.
Se encontraban un poco alejados del resto del grupo, agazapados tras un pequeño arbusto, hablando en voz bajita… ¡muy bajita!, y de vez en cuando, furtivas miradas se dirigían al resto de grupo en cuestión…

- ¡Tino, tino!, tiatisi tino tipotidetimos tilletivar tia ticatibo tiel tiplan, tiportique tisi tino titotidos tise tivan tia tientitetirar… -decía Beita- titetinetimos tique tienticontitrar tia tialtiguien tique tiatipotiye tinuestitro tiplan…

- ¡CeQue ceno ceBeíceta! ceTu ceescecucecha cemi ceplan… cetraicego ceel ceracetón ceen cela cemocechicela, cey cecuancedo cetocedo ceel cemuncedo cese cehaceya cesencetacedo… ¡celo cesuelceto! – replicaba muy resuelto Javierito…

- TiPetiro tiJativitietiritito, tiel tiratitón tihatice tiruitido, ¡tiy tilo tivan tia tiotiir!, titentidrítias tique tientitrar tien ticlatise ticuantido titotido tiel timuntido tiestitutivitietise tisentitatido,ti y tisi tila tiprotife tientitra tiantites tique titú, ¡tino tipotidrás!

- ¡CePocerras ceBeceíceta! ceDecebeceríceacemos ceir cea cehaceblar cecon ceticeta ceIcerucene, ceecella cesacebrá cecócemo cepoceder ceaceyucedarcenos, ceporceque ceme cehuecelo ceyo… ceque ceesceto cede celas cetrascetacedas cele cegusceta cetanceto cea ceecella cecocemo cea cenocesocetros…

Y dicho y hecho, Beíta y Javierito abandonaron su cómodo y secreto rincón para ir en busca de Tita Irune; pero no podían imaginar que, al salir de allí, algunos de sus compañeros les estaban esperando para cortarles el paso y enterarse de aquello que habían estado tramando.

- ¡¡Voposopotrospo nopo tepenépeispi nipi ipidepeapa!! – Dijeron los dos pequeños a la vez.

- ¡¡¡Ya estáis otra vez diciendo cosas raras!!! ¡¡¡Parad de una vez!!! – Respondieron sus compañeros.

En ese momento, Tita Irune llegó y vio lo que estaba pasando; así que pregunto a aquellos niños por qué molestaban a Beíta y Javierito.

- ¡¡¡Están hablando cosas raras… ¡¡Seguro que traman algo!!!

- etognemog artogseuvog rirbogaog euqog siénogetog. – Dijo Irune.

Al oír a Tita Irune hablar de aquella forma tan extraña, el resto de niños huyeron despavoridos mientras se quejaban; pero Beíta y Javierito comenzaron a reír ruidosamente…

- Ogoglaog ramogartog arogapog seog onog isog siécogahog olog acognuNog ??amogoidogiog ortogseuvog neog odognalbogahog siátogseog éuqog roPoG¿¿ - Preguntó Irune a los pequeños traviesos.

- CeVecerás… ceEs ceque ceJavierito cey ceyo cehecemos cepencesacedo ceque… - Comenzó diciendo Beíta.

- ¡¡TiUntia tiratita!! – Continuó Javier.

- ??atogarog anogUoG¿¿ - Preguntó Tita Irune sorprendida.

- CeSí… ceEs ceque cehecemos cepencesacedo ceque cepocedícea ceser cediceverceticedo cey cegracecioceso cemeceter ceucena ceraceta ceen ceclacese… ¡¡¡ceA cever cequé cehacecen celos cecomcepaceñeceros!!! – Respondió la niña.

- ilogiMog yog ilogiPog omogocog sioSog !!!?heog¿ ogoglaog odognamogartog erpogmeiSoG¡¡¡

- Porpofiiiiipi… - Suplicaron los pequeños a la vez.

- !!!ZEVog ATogSEog ROPog OLogOSog ORogEPog¡¡¡ …arogusogevogartog alog reogcahog siédogopog …neibog átogsEoG

Y, de esta forma, los dos niños fueron muy contentos en busca de su pequeño ratoncito…”

¡¡¡El señor Cortázar también era amigo de Irune!!! Parecía que en aquel mundo de la literatura todos se conocían y compartían multitud de experiencias, y aquella anécdota que ni siquiera había vivido en primera persona le había servido a Julio Cortázar como inspiración a la hora de crear su propia obra literaria… ¡¡¡Era impresionante observar cómo una idea puede salir de cualquier lugar y en cualquier momento!!!

Era bastante tarde y, tras aquella historia, el señor Cortázar nos invitó a volver junto con el grupo y dormir unas horas, pues apenas tendríamos tiempo para descansar aquella noche; así que, muy amablemente, nos dijo cómo debíamos volver a nuestro alojamiento y comenzó a caminar en dirección contraria hasta desaparecer entre las sombras…

Sin apenas darnos cuenta, Bafy y yo volvimos a vernos caminando y charlando sobre aquel último episodio que habíamos vivido en el mundo de la literatura…

Y ahora, haciendo un pequeño paréntesis en nuestra aventura por el mundo de la literatura, me gustaría explicar qué nos ha llevado a realizar una entrada conjunta y qué consideramos importante destacar de esta magnífica experiencia que hemos vivido Bea y yo; por lo que, para ello, hemos decidido realizar una reflexión conjunta pensada y diseñada por los dos y en la que se mezclan nuestros diferentes estilos literarios:

Suponemos que, por lo general, la mayoría de la gente ha entendido siempre la creación literaria como una actividad individual; de hecho, incluso nosotros la habíamos entendido de esa forma durante mucho tiempo. Pero, a veces, de una simple conversación surge la idea que te hace entender que, quizás, el planteamiento que tenías acerca de algo era equivocado.

Y esto es, precisamente, lo que nos ha pasado con la literatura…

Porque, de repente, nos pudimos dar cuenta de que el hecho de haber realizado una entrada conjunta no era simplemente una idea original…

Conforme pasaba el tiempo nos íbamos dando cuenta de que la literatura aceptaba perfectamente el trabajo en equipo, así que comenzamos a percibir la creación literaria de forma distinta a como la habíamos planteado hasta ese momento; de repente nos vimos mucho más sueltos, entendimos que incluso el estilo literario de dos personas puede llegar a entremezclarse hasta conseguir algo único y divertido e incluso comprendimos que se podían pasar grandes momentos creando literatura en buena compañía.

Entonces observas que las palabras y las ideas que surgen no sólo te hacen disfrutar de la actividad, sino que son capaces de fortalecer los lazos de la amistad e incluso te sirven para conocer aún mejor a esa persona que tienes al lado…

Y es que, si lo pensamos fríamente… ¿¿Por qué no utilizar la creación literaria para conocer mejor a tus seres queridos?? ¿¿Qué tiene de malo el hecho de emplear la literatura para enseñar a la gente a trabajar en equipo de una forma mucho más agradable?? ¿¿No os parece que debemos olvidar ciertos prejuicios y abrir un poco más nuestra mente en relación a la literatura??

Porque la palabra escrita deja constancia de todo este proceso llevado a cabo… y por más que leemos y releemos lo escrito, no podemos hacer otra cosa que sonreír… ¡¿Meter un ratón en clase?!... ¡vamos!, seguro que eso no es cierto… ¡pues sí! Personajes verídicos, para historia más que cierta, pero… ¿¿cómo se nos ocurrió llevarlo a cabo?? ¡¡Fácil!! ¿Comienzo de la historia?... ¡Una palabra!: GLIGLICO… pero qué porras es eso??? Respuesta… ¡jolín! ¿pero es que nunca te has inventado un lenguaje secreto que solo quien tu quisieras pudiera conocer¿¿??

Y a raíz de dar a conocer el ejemplo… el resto vino solo¡!

¿Qué decir sobre el hecho de haber trabajado juntos? Ummmm… fácil, divertido, ¡fresco! (y no es que se colara un viento gélido por la ventana que da al jardín, no…), ha sido… ¡como dos mentes en una!, si a uno se le ocurre una cosa, ¡enseguida el otro lo complementa! Como el refranero español (muy sabio él…) nos vendría a decir… TODOS A UNA, ¡COMO FUENTEOVEJUNA!, y es que este es el resultado de unir a dos personas con un mismo interés, pero… ¿Qué interés? No es otro que demostrar, que el glíglico, en nuestro mundo, no hace más que existir, así pues, no podemos más que decir…

¡BIENVENIDOS A NUESTRAS HISTORIAS CONTADAS EN CLAVE G! (G…de Glíglico!!!).




Un regalo de "Beíta" y "Javierito" para sus lectores...

La importancia de educar en el amor...

La pequeña Paula nos había dado una gran lección y, de vuelta a nuestro alojamiento, fuimos comentando con nuestro guía todo aquello que podía aportarnos nuestra profesión para desarrollarnos como personas.

El señor Keating parecía sonreír y destacaba la importancia de que hubiésemos entendido que, como maestros, nosotros también podíamos aprender de los más pequeños; así que decidió llevarnos a otra pequeña cueva en la que había una enorme puerta…

Era un lugar muy parecido a aquel que nos había llevado al mundo de la literatura, las rocas estaban decoradas con dibujos infantiles y había pequeñas figuritas de plastilina formando un pasillo hacia la gran puerta…

El señor Keating había decidido hacer una pequeña parada antes de dormir para mostrarnos aquella puerta y explicarnos que nos llevaría a un nuevo universo, el de la educación, al que muy pronto tendríamos acceso; pero antes debíamos seguir explorando un poco más el mundo de la literatura y preparando nuestra mente para poder entender todo aquello que encontraríamos en nuestro próximo viaje…

Así que, nuevamente, el señor Keating nos volvió a sorprender con sus recursos y sacó de entre las rocas un pequeño proyector que conectó a su teléfono móvil; sabía que muchos de nosotros nos habíamos interesado recientemente por la educación especial y quiso compartir con nosotros un vídeo muy breve que vio hace tiempo y recordó en nuestro encuentro con Paula.

Nos dijo que, el vídeo que veríamos a continuación, era otro claro ejemplo de cómo un niño puede llegar a enseñar tantísimas cosas a los adultos y de la importancia que tiene el hecho de educar a los más pequeños en el amor; pues, de esta forma, nos llegarán a sorprender con preciosos detalles que surgirán de lo más profundo de sus corazoncitos.


Nos habíamos quedado sin palabras e incluso algunos de nosotros comenzamos a derramar unas lágrimas que no hicieron más que contagiar al resto de compañeros; pero es que nos habíamos dado cuenta de que, cuando educas a alguien en el amor, es capaz de devolver ese amor y hacer cosas tan bonitas como la que acabábamos de ver en el vídeo.

Porque… ¿¿A quién no se le encoge el pecho al ver a un niño haciendo algo así para su mamá?? ¿¿Cómo no admirar a alguien que es capaz de hacer este tipo de cosas a tan corta edad?? ¿¿Acaso no nos damos cuenta de que los actos más nobles y sinceros provienen, normalmente, de los más pequeños??

¡¡¡Cuánto debemos aprender de vosotros, pequeños!!! ¡¡¡Cuánto tenéis que enseñarnos acerca de lo que es el amor incondicional!!! ¡¡¡Cuánto nos podéis decir vosotros de lo que es realmente perdonar y hacer las cosas desde el corazón!!!

Son tantas cosas las que nos enseñan los niños que, en ocasiones, debemos reconocer que nosotros somos simples maestros de escuela mientras que ellos son los verdaderos maestros de la vida…

Paula nos enseña algo importante...

Había sido una experiencia única e inolvidable, pues no siempre se tenía la oportunidad de poder charlar con un personaje literario y de reflexionar acerca de aquello que le había enseñado su propia vida; pero en aquella biblioteca todavía nos quedaba mucho por aprender…

Habíamos vuelto a reunirnos todos para devolver los libros que elegimos para pasar unas horas y nos disponíamos a dejar atrás aquella instalación rodeada de hermosos paisajes; pero, cuando estábamos a punto de salir, el señor Keating llamó a una pequeña que estaba jugando por aquellos jardines.

Paula se acercó sonriendo, y el lacito rojo de su pelo le daba un aire aún más inocente a aquella niña que traía consigo el libro “Ser princesa no es un cuento”.

Lo cierto es que la chiquilla de la portada se parecía misteriosamente a la pequeña Paula y, ante la insistencia de la niña en leernos su libro, entendimos que quizás alguien había decidido “regalar” a aquella pequeña su propia historia…

Porque Paula siempre había soñado con ser la princesa de un cuento, pero jamás se había parado a pensar en los inconvenientes que eso le conllevaría hasta que, una noche, su mamá le estuvo explicando por qué no querría convertirse en esas princesas con las que soñaba.

La bella durmiente, la cenicienta, Rapunzel, Blancanieves e incluso la sirenita… ¡¡¡Convertirse en cualquiera de ellas traía consigo muchos inconvenientes que hacían a Paula replantearse la situación!!!

Pero, como a veces nos suele pasar a todos, Paula no estaba dispuesta a renunciar a sus deseos; quería ser una princesa a toda costa y preguntó impaciente cuál podría llegar a ser…

Claro… ¡¡¡La princesa Paula!!! Su mamá le había recordado que, quizás, la más bonita de todas las princesas era ella misma...

En ese momento Paula cerró el libro y comenzó a dar saltitos de alegría mientras nos preguntaba qué princesa nos gustaba más, era feliz considerándose una princesita y soñando con el príncipe que algún día conquistaría su corazón; pero lo más importante era que, con aquel libro, había entendido que ella no tenía nada que envidiar a ninguna de las otras princesas.

Y… ¿¿A cuántos adultos no nos pasa en ocasiones esto?? ¿¿Por qué muchas veces nos empeñamos en ser como otra persona o deseamos parecernos a algún personaje de ficción?? ¿¿Acaso no nos damos cuenta de que lo más importante de una persona es conservar su propia esencia?? Aquella niña nos había hecho entender que no había nada mejor que parecerse a uno mismo y que, si nos lo proponíamos, nosotros también podíamos llegar a convertirnos en valientes príncipes o bellas princesas.

Era interesante ver cómo una niña tan pequeña podía ser capaz de sorprendernos y de darnos lecciones tan importantes a los adultos pero, si lo pensábamos bien, esto es lo que nos iba a suceder en numerosas ocasiones en nuestra futura profesión.

¿¿Y no es verdaderamente bonito ver que incluso alguien tan pequeño nos puede aportar tantas cosas?? ¿¿Realmente no deseamos ver cómo, en ocasiones, serán los niños los que nos eduquen a los maestros??Pensadlo bien y aprovechad la oportunidad que nos brinda nuestra profesión, porque incluso de la inocencia de los más pequeños podremos sacar siempre algo que nos haga mejorar como personas y como educadores…

19 ene 2012

Un encuentro inesperado...

Aquella mañana nos levantamos con un sentimiento extraño en nuestro interior, teníamos la sensación de que nos quedaba algo importante por hacer en ese mundo de la literatura y ninguno sabía de qué podía tratarse…

La historia de la serpiente y la luciérnaga nos había dejado muy buen sabor de boca la noche anterior, pero el nuevo día había despertado en nosotros nuevas inquietudes que ni siquiera éramos capaces de precisar; comenzábamos a sentirnos inquietos e impacientes cuando, de repente, el señor Keating apareció proponiéndonos visitar una biblioteca.

¡¡¡Eso era, precisamente, lo que nos quedaba por conocer!!! ¿¿Cómo no nos habíamos dado cuenta de que un viaje por el mundo de la literatura no sería completo sin la visita a una biblioteca??

En aquel momento desapareció esa inquietud con la que nos habíamos despertado y nos dirigimos alegremente a una biblioteca; era un enorme edificio situado en un bello paraje natural, había un pequeño lago con cisnes y multitud de zonas ajardinadas con árboles y flores…

¡¡Un lugar perfecto para disfrutar de la lectura en soledad o en buena compañía!!

Al entrar, nos extrañó ver a multitud de personajes literarios, pues pensábamos que sólo existían algunos de ellos y que, la gran mayoría, eran ficticios; pero en aquel lugar pudimos observar que el hecho de haberse convertido en protagonistas de diferentes historias, había hecho que aquellos héroes, princesas y demás personajes hubiesen tomado la literatura como una de sus aficiones.

Y allí estaba yo, recorriendo una estantería con los ojos y buscando una obra que me llamase la atención cuando, de repente, observé un libro que ya había leído anteriormente; se trataba de “El caballero de la armadura oxidada”…

En ese momento escuché una voz que me recomendaba la lectura de aquel libro, me di la vuelta y pude ver a un hombre corpulento que me sonreía mientras me alcanzaba el libro; pensé que sería bueno hacerle saber que se trataba de una obra que ya había leído y que simplemente me había llamado la atención verla de nuevo, pero insistió en acompañarme a los jardines exteriores a leer su propia historia…

¡¡¡Claro, era el caballero de la armadura oxidada!!! Jamás había hablado con un personaje literario, pero aquella experiencia me hizo sentir muy bien y decidí aceptar… ¿¿Con quién podría repasar las aventuras de un libro mejor que con su propio protagonista?? ¡¡¡Debía aprovechar aquella oportunidad única!!!

Pasamos unas dos horas leyendo el libro y el tiempo se nos había pasado volando, pues a pesar de ser una obra bastante breve, en su interior había multitud de cosas interesantes; aunque lo realmente inolvidable era el estar recordando los acontecimientos que se detallaban en el libro con el propio protagonista…

El caballero comenzó explicándome que, a lo largo de la vida, todos debíamos enfrentarnos a nuestros propios miedos y que, como le pasó a él mismo en el pasado, a todos nos encierra alguna vez nuestra propia armadura; pero que lo realmente importante era ser capaces de liberarnos de ella…

En aquel momento entendí que lo realmente importante era el hecho de afrontar los miedos sin que nuestra propia armadura se convirtiera en una prisión, pudiendo desprendernos de ella una vez hubiésemos afrontado nuestros problemas; pues, de lo contrario, jamás podríamos volver a disfrutar del calor de unos labios que nos besan, del frío de la mañana azotando nuestro rostro o del suave aroma de las flores en primavera.

Porque, si permitíamos que nuestros miedos nos impidiesen quitarnos la armadura, jamás volveríamos a sentir dolor; pero tampoco volveríamos a disfrutar de la vida plenamente e incluso podríamos llegar a convertirnos en desconocidos para las personas que más queríamos…

Estaba pensando en aquella pequeña historia que había creado en la “fábrica de sueños” y en cómo aquel caballo salvaje debió enfrentarse a sus miedos para poder disfrutar de su vida, pero el caballero interrumpió mis pensamientos y continuó hablando; decía que muchas personas se ponían su propia armadura por miedo y por el deseo de mostrarse a los demás mejores de lo que realmente eran o, mejor dicho, mejores de lo que realmente se consideraban…

Fue en ese instante cuando recordé aquellos momentos en los que yo mismo me había puesto esa pequeña coraza con la que evitar que me dañaran y cuando pude reflexionar sobre la multitud de veces que me había protegido con una armadura que no me permitía sentir dolor pero que tampoco me daba opción a percibir el dolor ajeno; porque todos tenemos momentos de debilidad, pero el caballero me había enseñado que si no nos valoramos a nosotros mismos, nadie sería capaz de valorarnos y, lo que es aún peor, no seríamos capaces de cuidar de las personas a las que amábamos.

Y eso es algo que a cualquier persona debe hacer reflexionar y reaccionar, porque si hay algo capaz de cambiar a un ser humano es el amor y el deseo de proteger a sus seres queridos…

El propio caballero recordaba cómo estos sentimientos habían provocado su deseo de emprender una complicada aventura por el Sendero de la Verdad, un viaje en el que acabaría conociéndose y amándose a sí mismo a través del trayecto por una ruta llena de multitud de obstáculos que le hacían sentir temor ante aquello que desconocía y que pudiera provocarle cualquier tipo de dolor.

De esta forma, guiado por el famoso mago Merlín y con la ayuda de una ardilla y una paloma, el caballero tuvo que enfrentarse a una serie de obstáculos que se encontraba en diferentes castillos que debía cruzar hasta llegar a la cima de la verdad.

Así, en el castillo del silencio, el caballero encontró a su verdadero “yo” y entendió la necesidad de sentir en ocasiones ese silencio y soledad con la que llegar a conocerse mejor y dejar caer las barreras que se había puesto para que todo el mundo viese únicamente lo mejor de sí mismo.

En el castillo del conocimiento, nuestro héroe pudo llegar a la conclusión de que, en ocasiones, el amor se convertía en necesidad y que con la autocompasión no podría llegar a ningún lado; además, entendió que no podía pasar toda su vida intentar agradar a la gente y que él debía ser el primero en aceptarse tal como era.

Pero… ¿¿Qué caballero no se enfrenta alguna vez en sus aventuras a un dragón??

Lo más duro estaba por llegar, y en el castillo de la voluntad y la osadía, nuestro protagonista debió enfrentarse al dragón del miedo y la duda; un dragón que le hizo plantearse la retirada y que lleno de dudas su camino, pero al que se enfrentó con osadía y al que venció a través de la voluntad y del valor que le aportaba el hecho de saber que sus propios miedos no eran más que simples ilusiones…

Tras esta complicada batalla, el caballero comenzó a subir hacia la cima de la verdad y, en su camino, se fue aferrando a esas pequeñas rocas y salientes que representaban todo aquello que conocía, tenía miedo de caer a un vacío infinito que representaba lo desconocido y que le hacía no aceptar sus propias responsabilidades; pero, finalmente, el caballero entendió que la única forma de ser feliz y de librarse definitivamente de su armadura era afrontando su propia vida sin temor y con ilusión.

Realmente el caballero debió luchar muchísimo contra sus propios miedos e inseguridades para poder disfrutar plenamente de su vida y tuvo que conseguir algo tan difícil como es valorarse a sí mismo; pero, antes de marcharse, me reconoció que todo el esfuerzo había merecido la pena para disfrutar de esa nueva vida junto a su familia y poder percibir de nuevo el amor en los ojos de su esposa y la ilusión en la sonrisa de su hijo.

Habían sido unas horas geniales junto a aquel caballero y, probablemente, el hecho de analizar aquella historia junto a su protagonista me hubiese marcado para siempre; pues, desde aquel momento, me propuse intentar dar lo mejor de mí mismo sin armaduras, mostrándome tal como era y valorándome sin temor a que los demás no me aceptaran…

15 ene 2012

¡¡No dejes de brillar!!

Tras haber disfrutado una noche más del placer que aporta la creación literaria, nos vimos caminando hacia nuestro alojamiento por un sendero rodeado de plantas, flores y árboles; la luna llena brillaba en el cielo con gran fuerza y pronto observé cómo una sonrisa se me había dibujado en la cara sin haberme dado cuenta.

Estaba disfrutando muchísimo de aquel paseo por la naturaleza rodeado de mis compañeros cuando, de repente, alguien observó una pequeña luciérnaga en el camino; desprendía una preciosa luz verdosa que nos hizo estar admirando a la pequeña criatura durante muchos minutos, pero era demasiado tarde y no podíamos permitirnos parar más, así que continuamos nuestro camino.

Todos comentaban lo maravillosa que era la naturaleza y las criaturas tan fantásticas que había en ella, pero yo andaba dando vueltas a algo…

Intentaba recordar aquel precioso vídeo que pude ver hace algún tiempo, pero lo único que podía recordar era que aparecían una luciérnaga y una serpiente; así que me acerqué al señor Keating, estaba convencido de que conocería la historia y pensé que podría ser bonito compartirla con mis compañeros…

El señor Keating empezó a reír y dijo que se trataba de una de sus historias preferidas, así que decidió contarnos el cuento de la luciérnaga y la serpiente mientras continuábamos nuestro camino de regreso.


Era una historia preciosa, pero el hecho de escucharla nuevamente me permitió analizarla más detenidamente y valorar el mensaje que nos quería transmitir; y es que, al igual que la luciérnaga, a veces observamos cómo algunas personas sufren sin merecerlo y cómo otras personas dedican sus esfuerzos a intentar quitar de en medio a todo aquel que brille más.

Por eso, como maestros, debemos proteger a esos pequeños que destaquen y hacerles saber que, a lo largo de su vida, habrá mucha gente que intente dañarles por el simple hecho de brillar con luz propia; estamos obligados a transmitirles una fuerza con la que puedan enfrentarse a las situaciones complicadas y debemos mentalizarles desde muy pequeñitos para que entiendan que deben intentar dar siempre lo mejor de sí mismos a pesar de la envidia de la gente.

Pero… ¿¿Qué clase de profesores seríamos si sólo nos dedicásemos a dar consejos?? ¿¿Sería justo dejar a una pequeña luciérnaga encerrada en una habitación llena de serpientes y pedirle que siguiera brillando?? ¿¿Realmente con unas simples palabras conseguiremos evitar algún tipo de sufrimiento??

¡¡¡Jamás debemos quedarnos en bonitas palabras y buenas intenciones!!!

¿¿Acaso no nos damos cuenta de que las serpientes también están sufriendo?? ¿¿No será mejor intentar hacer que se valoren a sí mismas en lugar de pensar que son seres malvados?? ¿¿Por qué no intentamos adiestrar a esas pequeñas serpientes para que protejan a las luciérnagas??

Bajo mi punto de vista, es importante proteger a los niños que destaquen; pero es todavía más importante hacer ver a la gran mayoría de niños que la envidia sólo les provocará sufrimiento, hacerles entender desde muy pequeños que, si se rodean de gente brillante, conseguirán mejorar y aprender día a día de esas personas…

¿¿Acaso no destacaría entre todas las serpientes aquella que decidiese servir de transporte y de protección a multitud de luciérnagas?? ¿¿No la haría mucho más bella la propia luz de las luciérnagas reflejada en su cuerpo?? ¿¿Por qué luchar contra algo o alguien que puede aportar tantas cosas buenas a sus más cercanos??

Si nos paramos a pensar nos daremos cuenta de que en el mundo existen muchas más serpientes (personas no brillantes) que luciérnagas (personas brillantes); y que, de entro todas las serpientes, hay algunas que destacan más que otras, las hay buenas y malas, con diferentes formas de pensar e incluso con diferentes habilidades y capacidades.

Por eso, tan importante es proteger a las luciérnagas como hacer ver a las serpientes que pueden llegar a ser igual de bellas e importantes; hacerlas sentir también valoradas y educarlas en el respeto hacia las luciérnagas y hacia el resto de serpientes, ya que de esta forma conseguiremos que dejen de perseguir a todas aquellas criaturas que desprendan un brillo propio y, además, conseguirán vivir mucho más felices con ellas mismas y con todo lo que les rodea...

14 ene 2012

La creatividad de los "sabios"...

Aquella mañana me desperté mucho más tranquilo que la anterior o, al menos, sin visitas inesperadas; así que me metí en la ducha con más calma y disfrutando del agua caliente…

Aún recordaba el placer que había sentido la pasada noche al crear aquellas poesías y los recuerdos que se agolpaban en mi mente cuando las escribía; así que, cuando el señor Keating nos informó de que aquella noche volveríamos a reunirnos para realizar creación en prosa, noté una extraña sensación agradable recorriendo mi espalda.

Por segundo día consecutivo, hasta que llegase la noche, teníamos tiempo libre para disfrutar del mundo de la literatura como mejor nos pareciese; así que los chicos decidimos convocar uno de esos “consejos de sabios” que tanto tiempo llevábamos sin disfrutar…

Y allí estábamos, de nuevo, aquellos seis chicos que poco a poco habíamos ido forjando una amistad; seis personas que se mostraban apoyo mutuo, que disfrutaban de los buenos momentos juntos e incluso habían sido capaces de superar situaciones difíciles y circunstancias adversas hasta conseguir formar un peculiar equipo.

Nuevamente nos vimos disfrutando de los placeres gastronómicos y reflexionando sobre infinidad de temas tan profundos como... Bueno… ¡¡¡Reflexionando sobre infinidad de temas!!!

Porque, a pesar de esta pequeña broma, en ocasiones nos salíamos de aquel tópico establecido para las conversaciones masculinas y nos convertíamos en filósofos principiantes que reían de la multitud de tonterías y barbaridades que podían llegar a decir.

Poco a poco la tarde había alcanzado su fin, pero ninguno de nosotros se había dado cuenta de que el resto del grupo nos estaría esperando junto a Irune y al señor Keating; así que, tan rápido como pudimos, pusimos rumbo hasta el lugar pactado y tomamos asiento junto a algunas compañeras que nos miraban con recelo por el abandono sufrido anteriormente…

Cuando llegamos, Irune estaba diciendo que un buen truco para repasar las actividades de creación era leerlas en voz alta; pues, de esta forma, la lectura era mucho más lenta y podríamos fijarnos mejor en los pequeños detalles que se nos pudieran escapar con la lectura mental.

Aunque, en esta ocasión, pudimos recibir algunos consejos más como puede ser el hecho de aceptar el error como una posibilidad para aprender y mejorar o la importancia de ser capaz de autoevaluarse para ser crítico y justo con uno mismo; pero lo realmente divertido estaba aún por llegar y, tras aquellas sugerencias, comenzamos a realizar juntos la creación de algunos textos en prosa…

Y la primera propuesta fue realizar una escritura automática en la que, cada cierto tiempo, se nos daría una palabra que debíamos intentar introducir de forma coherente en el texto; lo cierto es que me resultó un poco complicado comenzar pero, en cuanto comencé a escribir, las palabras fueron surgiendo solas y las ideas iban apareciendo en el papel con una facilidad asombrosa:

“Era una tarde más en aquella pequeña habitación en la que nos reuníamos muchos Lunes.

No faltaba la Coca-Cola, los apuntes encima de la mesa, ni aquellas bromas que los cuatro solíamos gastarnos; pero, esta vez, la conversación había tomado un tinte mucho más serio y nuestra compañera nos hablaba de su visión sobre la mala organización escolar que había en el colegio de sus hermanos. Estábamos preparándonos para ser maestros y todo aquello nos resultaba interesante…

La conversación era entretenida y todos dábamos nuestro punto de vista sobre el tema hasta que, de repente, un pequeño escarabajo apareció haciendo que los gritos femeninos terminasen con la conversación; pero Paquito lo metió en una pequeña caja de cerillas decidido a soltarlo posteriormente en los jardines de la universidad, era una gran persona que tenía por bandera el respeto a los animales y el amor por la naturaleza.

Al salir de aquella pequeña habitación, dejamos al animalito encima de una piedra y nos entretuvimos hablando; era bastante tarde y la universidad iba a cerrar cuando, de repente, apareció el bedel y nos amenazó con sacarnos a escobazos si no salíamos cuanto antes…

En ese momento, el miedo nos invadió y salimos corriendo hacia la salida como si de una competición olímpica se tratase.”

De aquella escritura automática salieron infinidad de textos, algunos de ellos muy interesantes; pero la creación literaria en prosa debía continuar, así que Irune decidió que podíamos brindar un pequeño homenaje a Luis Piedrahita, conocido como “el rey de las cosas pequeñas”, y escribir un texto en el que nos pusiéramos en el lugar de un objeto cotidiano.

http://www.luispiedrahita.com/

“Una vez más me veía en aquel lugar estrecho e incómodo, rodeado de algunos a los que consideraban más valiosos y de otros a los que incluso cuidaban menos que a mí; estaba oscuro y la presión me asfixiaba tanto que decidí evadirme en mis propios sentimientos…

Había viajado por muchos lugares de Europa y vivido experiencias inimaginables, había podido observar cómo la gente se peleaba por poseerme y había escuchado secretos inconfesables; pero mi vida seguía estando vacía y no encontraba mi lugar en aquel desagradecido mundo.

¿¿Acaso no se daban cuenta de lo incómodo que era sentirse un simple objeto de intercambio?? ¿¿Por qué no pensaban en lo mal que me encontraba cada vez que me enrollaban para acercarme a aquel maldito polvo blanco?? ¿¿De verdad nadie escuchaba mis gritos de súplica cada vez que mi dueño se entretenía doblándome una y otra vez y arrugándome sin preocuparse de mis sentimientos??

Estaba pensando en aquella vida que me estaba tocando vivir y en el hecho de sentirme como un simple objeto de intercambio cuando, de repente, aquella luz cegadora apareció una vez más; alguno de nosotros volvería a cambiar de compañeros y una nueva persona sería la que guiase su destino. La incertidumbre se apoderaba de todos cada vez que nuestra prisión se abría dejando paso a la luz del Sol...

¡¡Y esta vez me había vuelto a tocar a mí!!

Había cambiado de dueño en multitud de ocasiones, pero todavía sentía cierto miedo e ilusión cada vez que veía cómo una nueva mano me recogía; habían sido tantos traspasos que, el simple tacto de la piel humana me hacía saber el tipo de vida que llevaría durante los siguientes días, horas, semanas o meses…

Pero esta vez estaba siendo muy extraño… Su piel era suave y desprendía amor, me tocaba con cariño y cuidado; como si tuviese miedo a hacerme daño o a romper una de mis delicadas esquinitas…

Entonces pude escuchar a aquel niño tan pequeñito mirándome con sus ojos brillantes, con una sensación de inmensa alegría y orgullo por haber sido capaz de ahorrar aquel primer billete de 20 euros que acababa de cambiar a su padre por infinidad de monedas a las que había dejado de valorar; pero ese ya no era mi problema y yo estaba feliz porque, por fin, me había convertido en algo importante, en un billete al que un niño tan pequeño había cogido tantísimo cariño que decidió quedarse conmigo para siempre.

Por primera vez había dejado de ser un objeto de intercambio para convertirme en algo significativo para alguien y, desde aquel momento, pasé el resto de mis días en una cajita junto con otros objetos de valor con los que hice una gran amistad y compartí multitud de anécdotas y experiencias del pasado; descansando y disfrutando de una nueva vida cuyos mejores momentos eran aquellos en los que mi nuevo dueño abría la cajita para contemplar con admiración todos los recuerdos que en ella había guardados…"

Y tras haber realizado multitud de historias sobre los objetos más cotidianos que podamos llegar a imaginar, llegó el momento de terminar aquella impresionante reunión en la que, bajo la luz de las estrellas, habíamos dejado volar nuestra imaginación.

12 ene 2012

Creando poesía entre homenajes

Estaba profundamente dormido y ni siquiera me había dado cuenta de que dos de mis compañeras de viaje habían entrado a mi habitación, la noche anterior se habían llevado las llaves para despertarme de un susto y poder burlarse de mi durante el resto del día; pero, al final, lo vieron demasiado cruel y me despertaron entre bromas…

Allí estaban Colmillitos y Bafy, sonriendo y comentando la cara de sueño que tenía; pero enseguida entraron en la habitación Queco y Wici diciéndome que todos estaban esperándome para desayunar.

El señor Keating les había dicho que podíamos investigar durante todo el día por nuestra cuenta y que intentásemos disfrutar de nuestro tiempo libre porque, por la noche, volveríamos a ver a Irune para contar historias y hacer algunas creaciones literarias.

Me duché rápido y salí de mi habitación para ir a desayunar, pero Chijquín se había levantado temprano y me esperaba con Isabelina junto al ascensor; habían recordado que siempre me perdía para llegar al comedor y decidieron esperarme para ir juntos.

Durante el desayuno, intentamos ponernos de acuerdo sobre cómo emplear el día libre que nos había concedido el señor Keating; pero no había manera de pactar un plan común, así que Belexu y Truli fueron las primeras en abandonar el comedor para ir de compras por aquel maravilloso mundo.

Tras la marcha de nuestras dos compañeras, los demás decidimos simplemente pasear por aquel universo de fantasía hasta la hora de comer en la que nos volveríamos a reunir todos con el señor Keating.

Pudimos ver muchísimas cosas durante la mañana pero, tras la comida, el grupo terminó por disolverse aún más. Nuestro perezoso “Mentalista” consiguió convencer a “Guasas” para disfrutar de una buena siesta bajo la sombra de una palmera, mientras que algunos otros compañeros se decantaron por la opción de Poluchi y Regofol de ver una película…

Por otra parte, Trébol y yo decidimos disfrutar de una nueva tarde de charla y bromas; podíamos pasar horas y horas hablando y riendo juntos, así que fuimos al lugar en el que todo el grupo debía presentarse por la noche y decidimos esperar allí a que todo el mundo llegara.

Ni siquiera nos habíamos dado cuenta de la hora cuando, de repente, llegaron las inseparables Roxy y Rolas; tras ellas irían llegando poco a poco el resto de compañeros de viaje, Irune y el señor Keating.

Una vez estuvimos todos juntos, Irune nos dio algunos consejos que debíamos utilizar a la hora de crear poesía; insistió en que, en ocasiones, debíamos olvidarnos de la rima y dejar fluir nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras ideas de forma natural.

Y es que, si lo pensábamos bien, crear poesía era jugar con el lenguaje y con los recursos literarios, utilizando una serie de estrategias poéticas; pero lo realmente importante era intentar disfrutar de aquello que íbamos a hacer…

Por parejas, comenzamos a hacer pequeñas poesías y, aprovechando que en los últimos días habíamos hablado mucho de nuestras perritas, mi compañera y yo utilizamos aquella oportunidad para dedicarles unas palabras:


Un perro es amigo;
amigo fiel, paciente y comprensivo.
Un perro es hermano;
hermano protector, cariñoso y confidente.
Un perro es compañero;
compañero de alegrías, de paseos y juegos.
Un perro es buen maestro;maestro que aprende y, sobre todo, enseña
.




Durante toda la noche pudimos escuchar multitud de poesías de todos los compañeros, muchas de ellas muy interesantes, e incluso tuvimos la oportunidad de realizar creaciones poéticas entre todos nosotros; fue algo muy interesante que me había llamado la atención, así que, al volver de nuevo a nuestro alojamiento, decidí continuar con algunas de las técnicas y estrategias propuestas para crear poesía…

Tras unas cuantas horas, finalmente decidí dormir y descansar para el día siguiente; aunque, antes de meterme en la cama, quise repasar aquellas creaciones que acababa de completar:


¿¿Por qué me amas??
Porque haces que desee superarme…

¿¿Por qué deseas superarte??
Porque quiero ser perfecto para ti…

¿¿Por qué quieres ser perfecto??
Porque temo perderte…

¿¿Por qué temes perderme??
Porque no imagino mi vida sin ti…

¿¿Por qué no imaginas tu vida sin mí??
Porque ver tu carita es lo que me da fuerza…

¿¿Por qué te da fuerza ver mi cara??
Por tu mirada, que hipnotiza…

¿¿Por qué hipnotiza mi mirada??
Porque me recuerda la belleza de vivir,
La belleza de vivir persiguiendo un sueño...
¡¡¡Un sueño del que, pase lo que pase, no quiero despertar!!!


Mágica
Admirable
Divertida
Romántica
Impresionante
Distinguida


¿¿Qué es amar??
Amar es compartir, comprender y soñar;
es volverse loco y a la vez estar muy cuerdo.
Es sacrificio, perseverancia e ilusión;
es notar que la vida cobra sentido.
Amar es respeto, paciencia y cariño;
es sentir que el pecho se encoge.
Es saber perdonar, jugar y confiar;
Es vivir por hacer feliz a otra persona.
Amar es valorar, admirar y sonreír.
Es sentir con el corazón y no con la mente.
Es sentimiento, escucha y fantasía.
Es soledad y compañía.
Amar debe ser fácil y, a la vez, difícil.
Amar te hará grácil y también bastante dócil.
¡¡¡Amar es felicidad propia y ajena!!!
¡¡¡Amar es lo que hago, amar es lo que quiero!!!

Un precioso vídeo antes de dormir

Al llegar al lugar en el que estábamos alojados, cada uno de nosotros nos fuimos a nuestras habitaciones para descansar un poco hasta el día siguiente; nos quedaba mucho mundo de la literatura por recorrer y debíamos tener la mente despejada y el cuerpo descansado para seguir explorando junto al señor Keating todo aquel universo de fantasía.

Acababa de salir de la ducha cuando, de repente, algunos de mis compañeros de viaje se presentaron en mi habitación; al principio me quedé un poco sorprendido porque no sabía muy bien qué podían querer a esas horas, pero enseguida entendí que el descanso iba a tener que esperar un poco más aquella noche…

La charla estaba animada, las bromas se iban sucediendo y el sueño desaparecía por momentos; así que, de repente, una de las compañeras propuso ver algunos de los vídeos que se podían encontrar en Internet sobre los maestros.

Pudimos ver vídeos muy bonitos pero, especialmente, nos llamó la atención uno cuyo título era simplemente una dedicatoria “A los verdaderos maestros”; en este vídeo se hablaba de los dones que había otorgado Dios a los maestros y los relacionaba con los colores que se habían formado al pasar la luz por una perfecta gota cristalina.



Y tras, el visionado, tomamos aún más conciencia de lo importante que será nuestra futura labor como maestros y de todas aquellas veces que nos acordaríamos de los colores que se citaban en el vídeo…

Porque, seguramente, muchas veces recordaremos aquel morado que nos aporte los conocimientos que debemos transmitir a nuestros alumnos y esa necesaria sabiduría que nos haga conocer la forma más correcta de tratar a unos niños para los que nos convertiremos en ejemplo; entendiendo que no sólo deberemos tomar aquella sabiduría como una gran cantidad de conocimientos o contenidos que podamos transmitir posteriormente, sino también como aquello que nos permitirá saber en cada momento cómo actuar con los más pequeños.

Nos veremos reflejado en aquel rosa que nos llene de paciencia y nos empuje a entregarnos a esos pequeños cuya sonrisa hará que merezca la pena el esfuerzo; porque, en ocasiones, pasaremos días difíciles y momentos complicados, pero siempre debemos tener muy presente que, como maestros, debemos hacer todo lo posible por conservar esa paciencia que nos permita sonreír incluso a los niños más rebeldes sabiendo que, únicamente, buscan nuestro cariño.

Y es que, si reflexionamos un poco acerca de todo esto, nos daremos cuenta de que ese rosa se tornará en el rojo de la pasión conforme seamos capaces de entregarnos a nuestros alumnos; de saber que, posiblemente, el futuro de aquellos pequeños que nos miran con admiración dependerá en gran parte de todo aquello que consigamos aportarles. Y creo que, en la educación, lo verdaderamente importante no es aportar a los alumnos una gran cantidad de conocimientos que podrían buscar en libros, enciclopedias o Internet; sino una educación integral que les permita desarrollarse como personas y con la que sean capaces de valerse por sí mismos.

Pero… ¿¿Cómo podría conseguir un maestro este objetivo si no estuviera iluminado por ese naranja que le llenara de entusiasmo y creatividad??

Un entusiasmo relacionado con el propio interés vocacional de cualquier maestro y basado en el placer que provoca para un buen profesional de la educación el hecho de recibir la sonrisa sincera de una niña o el abrazo incondicional de un niño; porque, aunque a veces lo olvidemos, todos esos niños se darán cuenta desde muy pequeños de cuáles son los maestros que consiguen aportarles algo, que hacen que su educación se convierta en algo agradable y no en una dura travesía.

Porque lo mejor que me podría llegar a pasar dentro de unos años sería que alguno de los niños con los que voy a compartir dentro de muy poco mis próximos meses, me recordase como aún yo recuerdo a aquel estudiante que se convirtió en mi “profe de prácticas” hace ya muchos años; y es que, curiosamente, Don Paco (así se llamaba) consiguió ganarse un cariño que todavía hoy conservo a pesar de no saber nada de él desde hace más de quince años…

Y estoy seguro de que si algún día pudiese volver a hablar con él y contarle ya como un adulto todos aquellos recuerdos que tengo, agradecerle lo muchísimo que me ayudo en aquellos primeros años de mi educación y confesarle que se convirtió en una de los profesores más importantes que han pasado por mi vida; probablemente se vería iluminado por ese amarillo con el que sintiese una gran alegría al saber que, al menos uno de los niños con los que estuvo durante su periodo de prácticas, le recuerda con un gran cariño.

No debemos olvidar tampoco ese color verde que ilumina todo el proceso educativo aportando al maestro y a los alumnos un crecimiento espiritual y mental que hará de ellos mejores personas; porque siempre debemos tener presente que, como profesores, también estaremos continuamente creciendo y aprendiendo de los más pequeños.

Pero la profesión de maestro no es un camino de rosas y debemos tener claro que, en ocasiones, también aparecerá una oscura luz negra de la que también deberemos intentar sacar fuerza para hacer frente a los momentos difíciles, a nuestras dudas y temores; pues incluso de los momentos más difíciles se aprende y se saca algo con lo que mejorar en el futuro.

Y es que incluso cuando nos encontremos perdidos y desesperados, cuando esa luz negra se haga tan densa que nos impida ver el resto de colores, debemos saber que siempre habrá una estrellita entre toda esa oscuridad; una estrellita basada en el amor… En el amor hacia los más pequeños y, en mi caso, también hacia una madre que siempre me ha guiado y sueña con verme ejercer una profesión que, cuando nació mi hermano, ella decidió dejar de lado para dedicarse en cuerpo y alma a unos hijos a los que, junto a nuestro padre, siempre ha intentado hacer felices y educar en torno a una serie de valores.

Tras comentar brevemente el precioso vídeo que habíamos encontrado, decidimos que había llegado el momento de dormir; así que mis compañeros de viaje se fueron yendo poco a poco a sus habitaciones y descansamos tras un nuevo día en el mundo de la literatura…

Los consejos de una voz autorizada

Tras aquellas horas disfrutando de una merienda junto a nuestro querido señor Keating y a la interesante Jacqueline Kerguéno, nuestro guía decidió que, quizás, podría resultar interesante para nosotros el hecho de recibir los consejos de una voz autorizada en cuanto a literatura infantil y juvenil se refiere; así que, al salir de la cafetería, enseguida contactó con su buena amiga Maite Carranza para concertar una cita con todos nosotros.

Tuvimos suerte, pues la ganadora del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2011 por su obra en catalán “Paraules emmetzinades” (Palabras envenenadas) se encontraba junto a sus hijos en una de las calles adyacentes a la de la cafetería de la que habíamos salido; tardaría un poco en llegar, así que el señor Keating decidió que lo mejor sería citarnos en un parque infantil cercano…

Pero, una vez más, el señor Keating no estaba improvisando; y, mientras nos dirigíamos a aquel pequeño parquecito, nos dijo que siempre era conveniente conocer un poco más de la persona con la que nos fuésemos a entrevistar, así que sacó una hoja de periódico doblada y comenzó a leernos un artículo periodístico firmado por Lourdes Morgades el 24 de Diciembre de 2011.
(http://ccaa.elpais.com/ccaa/2011/12/24/catalunya/1324689388_096231.html).

“Los niños son exigentes y debes ser claro y contundente”

“Maite Carranza, Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil ha charlado con los lectores”.
“La escritora no cree perdida la batalla por fomentar la lectura entre los jóvenes en la era digital”.

“A los dos años le dijeron que ya era mayor. Se lo creyó y empezó a imitar a los adultos. Ellos leían y ella también quería libros. En la adolescencia, con el virus de la lectura inoculado y buena parte de la biblioteca familiar -incluidos los libros “prohibidos” del abuelo, obras eróticas de principios del siglo XX de Felipe Trigo- devorada, decidió que de mayor se dedicaría a escribir, porque, dice, “la literatura es lúdica y fuente de placer a cualquier edad”. Quizá porque ha experimentado que la pasión por la lectura empieza desde la niñez y porque, por experiencia, sabe bien que un niño “no puede leer todo tipo de textos, ni comprender todo tipo de historias”,
Maite Carranza (Barcelona, 1958) se dedica a escribir para niños y jóvenes, y, aunque afirma que fue “una decisión azarosa”, reconoce que resultó “acertada”. La ganadora del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por la novela Paraules emmetzinades (Palabras envenenadas, Edebé) ha confesado en una charla que ha mantenido con los lectores de EL PAÍS que este tipo de literatura le permite mostrarse más sincera y no ocultarse tras la palabrería. Los niños son exigentes y debes ser claro y contundente. Me compensa el contacto que puedo establecer con ellos y sus sonrisas”.

Escritora disciplinada -“es bueno tener reglas, costumbres, rutinas”, asegura-, Maite Carranza se ajusta la altura de la silla para tener los antebrazos paralelos a la mesa y no cargar los hombros y, a ritmo vertiginoso (a un escaso minuto y medio por respuesta: 41 en una hora), ha repasado sin distracción la gestación de la obra por la que ha sido galardonada y sus fuentes de inspiración, así como el oficio de escribir. “Leer mucho, escribir sin ansias de publicar y esperar a estar maduros y convencidos para aventurarse en un relato largo. La precipitación de algunos jóvenes en publicar puede ser su sentencia de muerte”, ha recomendado a los aspirantes a escritores.

El maltrato a las mujeres y la incapacidad de estas para defenderse fueron inicialmente los motivos que llevaron a Carranza a escribir Paraules emmetzinades, la primera novela para jóvenes que trata de manera abierta y clara el tema de los abusos sexuales infantiles. “La obra es una puerta abierta para otros que vengan luego y quieran hablar sobre temas que hasta ahora estaban vedados. Pueden utilizarla como referente. Pasa en todos los ámbitos, siempre hay un antes y un después. Soy optimista”, reconoce.

¿Cómo habituar a los niños a la lectura? La escritora lo tiene claro: leer con ellos en voz alta y declamar, hacerles participar poco a poco en la lectura. “Interesarles por una historia narrada ya supone que les estás interesando en la lectura”, señala. No cree que la batalla por fomentar la lectura entre los más jóvenes se haya perdido en la era de los soportes digitales. “Leer en voz alta en el aula y el fomento de los juegos relacionados con la lectura acostumbran a funcionar”, recomienda a una profesora de lengua en apuros. “La prescripción pura y dura es vista a veces como una imposición”, le advierte.

Se confiesa una lectora “voraz” que aprecia todo tipo de géneros y como escritora no duda en probarlos. “Me gusta variar y sorprenderme a mí misma”, advierte. Cambiar de registros y formatos para no encallarse ni repetirse es su máxima, aunque confiesa que el género humorístico, que marcó sus comienzos en el mundo de la literatura a mitad de la década de 1980, es su favorito a la hora de escribir para los más pequeños. “Me siento más cómoda y puedo hablar con más libertad de temas serios”, asegura. Su criatura más reciente, Víctor, un niño travieso de 11 años con el que es imposible aburrirse, pertenece a él. Para crearlo se ha inspirado en su hijo pequeño que le pedía tener libro propio. Confiesa que el personaje de Víctor y las novelas La princesa Julia (1994, Cruïlla) y ¿Quieres ser el novio de mi hermana? (2002, Edebé) son biografías de sus hijos y de sus experiencias como madre. “Negaré siempre hasta la tumba que mis libros sean autobiográficos”, advierte.”.

Tras acabar de leer el artículo, continuamos andando un poco más hasta llegar a aquel parque; y, mientras esperábamos a Maite Carranza, el señor Keating nos dijo que también podríamos curiosear más tarde la página web y el blog de esta autora que conoceríamos enseguida:

http://www.maitecarranza.com/mccs.html
http://blog.maitecarranza.com/

Mientras nos contaba los contenidos que podríamos encontrar en las páginas web, apareció Maite Carranza saludándonos desde lejos; parecía feliz sintiéndose rodeada de todos aquellos niños que estaban jugando en aquel parque infantil y, con una gran sonrisa dibujada en su cara, llegó hasta aquel banco en el que nos encontrábamos todos.

Tras presentarse y animarnos a hacer una buena labor como docentes, Maite Carranza nos confesó que el señor Keating le había pedido que nos explicase su dilatada experiencia para que pudiéramos entender un poco mejor todo aquello relacionado con la literatura infantil; y antes de que nuestras miradas se hubiesen vuelto hacia nuestro guía, ella comenzó a contarnos que siempre le había gustado leer y que, quizás, por ello había llegado a adquirir el gusto por la escritura durante su adolescencia.

Nos dijo que, si el señor Keating ya nos había leído el artículo del periódico que recientemente habían publicado, seguramente nos habríamos dado cuenta de su opinión en cuanto a la lectura infantil; y es que la señora Carranza pensaba que un niño no podía leer todo tipo de textos, ni comprender todo tipo de historias, sino que, como ya habíamos escuchado en numerosas ocasiones, la literatura infantil debía cumplir una serie de requisitos básicos relacionados con el momento evolutivo en el que se encontrase el lector.

Lo cierto es que todo aquello no nos estaba sorprendiendo demasiado, era algo que ya teníamos muy interiorizado y que conocíamos de sobra; pero enseguida comenzó a hablarnos de lo exigente que puede llegar a ser el público infantil en cuanto a literatura se refiere.

Y es que jamás nos habíamos parado a pensar que escribir literatura infantil pudiera llegar a ser tan complicado como escribir literatura para adultos; pero lo cierto es que, si reflexionamos un poco, no debería extrañarnos que los propios niños sean los que soliciten una literatura sencilla que puedan seguir sin demasiado esfuerzo y en la que el autor haga volar la imaginación del lector sin dejar de ser claro a la hora de expresar el texto.

Porque si pensábamos que cualquier obra literaria infantil gustaría a los más pequeños, estábamos muy equivocados; pues desde edades muy tempranas muestran ya cierta crítica literaria y son capaces de destacar aquellos aspectos de una obra que no les han gustado, explicando sus motivos e incluso dando su punto de vista sobre cómo se podría mejorar la obra en ese sentido…

Estaba notando como, de nuevo, había empezado a volar hacia aquel universo de reflexiones que tanto visitaba desde que llegué al mundo de la literatura; pero es que aquellas palabras de Maite Carranza me habían hecho darme cuenta de lo equivocados que habíamos estado siempre con la literatura infantil.

¿¿Qué motivos teníamos para creer que un niño se conformaría con cualquier cosa?? ¿¿Por qué hasta ahora habíamos pensado que cualquier texto escrito rápido y decorado con bonitas imágenes haría conformarse al joven lector?? ¿¿No merece un niño el mismo esfuerzo que un adulto por parte del escritor??

Pero mientras yo divagaba por aquellos caminos de mi propia mente, Maite Carranza había comenzado a hablar de aquella obra que le había hecho recibir el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil; lo cierto es que trataba un tema delicado y parecía muy satisfecha de haber puesto la primera piedra para que el resto de autores tuviesen, desde ese momento, la oportunidad de escribir sobre ciertos temas difíciles de abordar pero importantes para la educación social de los niños y de los jóvenes.

Y es que, según su punto de vista, la literatura podía ser una buena herramienta de educación además de una magnífica opción para el entretenimiento; aunque insistía continuamente en la necesidad de que la intención del autor no fuese moralizante o pedagógica, pues de ese modo la literatura perdería su esencia y se convertiría en una paraliteratura creada con un fin educativo.

En este sentido, la señora Carranza insistió mucho en que la literatura infantil y juvenil podía contener una serie de enseñanzas implícitas pero que, en primer lugar, debía ser el producto de una voluntad artística con la que el escritor pretendiese llevar al lector a un mundo de ficción en el que poder disfrutar y soñar con los acontecimientos que ocurren a los personajes de la obra.

Todo aquello parecía bastante interesante, pero lo cierto es que tener delante a una persona que había ganado el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil no era cualquier cosa; así que me armé de valor para interrumpirla y confesarle que, además de por la educación y los niños, siempre había tenido un gran interés por la creación literaria y que me gustaría saber qué podría decirme para llegar a convertirme en un gran escritor de literatura infantil.

En aquel momento me regaló una sonrisa, parecía contenta de ver a una persona interesada en la escritura y muy amablemente me contestó diciendo que debía intentar convertirme por un momento en un niño; que lo más importante era entender los gustos, las motivaciones e intereses de los jóvenes lectores para, posteriormente, realizar un trabajo con el que en ningún caso debía obsesionarme.

Me aconsejaba mantener la calma en todo momento y saber lo complicado que era llegar a publicar un libro y convertirse en un escritor valorado por la crítica; pero me recomendó continuar leyendo muchísimo tanto literatura para adultos como literatura infantil, pues pensaba que la lectura siempre podía ayudar a los grandes escritores a mejorar sus propias creaciones…

¿¿Ayudarse de la literatura para crear literatura?? ¡¡¡Parecía algo obvio, quizás fuese una buena forma de adquirir vocabulario, percibir diferentes estilos e incluso perfeccionar mi propia escritura sin darme cuenta!!!

Finalmente, me dijo que no debía obsesionarme con el hecho de escribir mis obras para publicarlas; que, quizás, era mejor plantearse la creación literaria como una forma de disfrutar y de crear historias interesantes para mis alumnos para que, una vez estuviese preparado, pudiese intentar la publicación de aquellas obras que considerase más interesantes y que hubiesen gustado más a todos esos niños de los que me vería rodeado en la escuela…

Y, respecto a esto, quiso finalizar destacando la importancia que teníamos como maestros en el nacimiento de jóvenes lectores; pues pensaba que los profesores de la actualidad teníamos la ventaja de contar con una gran cantidad de obras infantiles que podíamos utilizar para fomentar en los niños ese gusto por la literatura.

Estaba comenzando a anochecer, el tiempo se nos había pasado muy rápido aquella tarde y debíamos descansar otra noche en aquel mundo de la literatura que poco a poco estábamos conociendo en compañía del señor Keating; así que, una vez más, nos despedimos de la persona a la que acabábamos de conocer y pusimos rumbo hacia nuestro alojamiento.

7 ene 2012

Un café con Jacqueline Kerguéno

Salimos de la casita de Muhammad Ali con el ánimo restablecido, pensando en la importancia que tenía el hecho de perseguir nuestros sueños hasta el final y con ganas de afrontar los problemas y las dificultades desde el esfuerzo…

Sabíamos que, como cualquier persona, habíamos cometido errores al dejarnos llevar por el desánimo y por la desesperación que provoca el hecho de enfrentarse a una tarea difícil; pero ahora teníamos una motivación más para superarnos a nosotros mismos, y es que los niños necesitarían unos maestros capaces de sobreponerse a las dificultades y a los problemas, unos educadores que sean capaces de transmitir valores como el esfuerzo y la constancia como bases para conseguir el éxito y unos profesores que, bajo ningún concepto, se vean incapaces de conseguir algo sin haberlo intentado previamente.

Pero, tras esta importante lección, nuestro viaje por el mundo de la literatura continuaría con el señor Keating como guía; sorprendiéndonos con las muchísimas cosas que estábamos aprendiendo en este segundo viaje que habíamos comenzado a su lado e incluso disfrutando con la multitud de personas que estábamos conociendo en aquel mundo de fantasía.

En esta ocasión habíamos terminado de comer y decidimos tumbarnos en el césped charlando de forma agradable sobre todo aquello que estábamos viviendo, sobre nuestros deseos y sobre la manera en qué habíamos decidido conseguir nuestros objetivos; pero yo, simplemente, escuchaba a mis compañeros de viaje sin decir nada…

Sorprendidos de mi silencio, todos decidieron preguntarme qué haría yo para conseguir mis objetivos y hacer realidad mis deseos; así que, teniendo en cuenta todo lo que el señor Ali nos había enseñado, decidí contestar a mis compañeros con la frase de una película que había visto recientemente: “Dos ratoncitos cayeron en un cubo de nata; el primer ratón enseguida se rindió y se ahogó, el segundo ratón decidió pelear y se esforzó tanto que finalmente transformó la nata en mantequilla y consiguió escapar. Caballeros, desde este momento, yo soy ese segundo ratón”.

En ese momento, el señor Keating decidió que había muchísimas cosas en aquel mundo de la literatura que nos quedaban por ver; y, en esta ocasión, nos dirigimos hacia una pequeña cafetería en la que nos estaba esperando Jacqueline Kerguéno.

Tras saludarnos a todos, nos dijo que le gustaría hablarnos sobre cómo podíamos ayudar al niño a convertirse en lector; pues el señor Keating le había dicho que pronto seríamos maestros y que, quizás, ella nos podía ayudar a trabajar para que los niños amasen la lectura.

Jaqueline comenzó explicándonos que amar la lectura no era algo sencillo y que, en parte, dependía también del temperamento, del carácter, los intereses y el entorno de la persona; de esta forma no todas las personas estarían interesados en una actividad contemplativa que necesitaba concentración y requería abandonar momentáneamente otras actividades para aislarse del mundo real y viajar hasta un mundo imaginario. Y eso es algo que debíamos asumir, entender y respetar…

No obstante, sí que había algo en lo que nosotros podíamos influir como maestros, y es que, en ocasiones, las personas no se interesaban por la lectura simplemente porque no habían aprendido desde pequeños a trasladarse a ese mundo fantástico de los libros; porque entendían la lectura como una sucesión de palabras con las que no eran capaces de ilusionarse y porque su imaginación y su mente no había sido “entrenada” para viajar a mundos imaginarios en los que se pudiesen sentir identificados con los personajes.

Y es que, el placer que aporta la lectura no podría experimentarse a menos que el lector comprendiese todo aquello que pretende transmitir el texto; teniendo en cuenta que, en ocasiones, para convertirse en un verdadero lector hace falta un entrenamiento progresivo que se consigue durante muchos años y respetando ciertas etapas como, por ejemplo, la de iniciación a la lectura en la que lo realmente importante no es que el niño lea o que, en caso de hacerlo, lo haga bien o mal, sino que se interese por las historias que cuentan los libros y sea capaz de ilusionarse a medida que escucha los relatos que le cuentan los adultos…

Además, proseguía Jacqueline, es importante tener en cuenta que un lector debutante necesita un texto adaptado a sus necesidades, a sus capacidades y a su momento evolutivo; permitiendo que sea el propio niño el que pueda elegir el libro que quiere en relación a unos criterios que, además, no distarán mucho de los que utilizamos los adultos para elegir un libro…

De esta forma, el señor Keating intervino para explicarnos que, lo que su buena amiga quería decirnos era que debíamos permitir a los niños tocar, hojear y mirar los libros para que, finalmente, pudiesen elegir por sí mismos aquellas obras que estaban interesados en leer; sin imponer lecturas que, como adultos, creyésemos adecuadas para los niños y respetando que fuesen ellos mismos los que se equivocasen con la elección de algunos libros.

No obstante, el hecho de dejar cierta autonomía a los niños no debería suponer abandonarles en la lectura; sino acompañarles y conocer sus gustos, necesidades y características para poder poner a su disposición una gran cantidad de libros variados y acordes a sus necesidades e intereses, pues cuando una persona está interesada en un determinado tema y siente curiosidad por algo, siempre se mostrará mucho más receptiva para emprender la tarea de una lectura.

Pero el hecho de acompañar al joven lector también está muy relacionado con el hecho de interesarnos nosotros mismos por aquello que está leyendo, ofrecerle la posibilidad de comentar y compartir con nosotros todo lo que le ha podido llamar la atención e incluso compartir momentos de lectura con ellos y leer juntos multitud de libros que hayan escogido; haciéndoles sentir que la lectura implica también una cercanía y una actividad con la que compartir maravillosos momentos junto a sus seres más queridos.

Las palabras de Jacqueline Kerguéno resonaban en nuestra mente como el repique de una gran campana, lo que era señal evidente de que realmente estábamos asimilando todo aquello que nos transmitía y que ya habíamos escuchado en alguna ocasión a lo largo de nuestros dos viajes; pero aún tenía muchas más cosas que explicarnos y, sin esperar más, comenzó a hablarnos de la importancia que tenía el hecho de convertirse en lector a una edad medianamente temprana, pues de lo contrario sería complicado que llegase a adquirir el gusto pro la lectura a edades más avanzadas.

Y, sin darnos tiempo a pensar en aquello, empezó a comentar algunas de las respuestas que habían dado los niños al preguntarles por qué motivo habían dejado de leer un libro (principalmente, primeras novelas); coincidiendo muchas de ellas en el poco interés que despertaba en ellos el tema, lo mucho que tardaba la historia en arrancar o la dificultad para entender la situación de partida y la relación de los personajes.

Entonces, Jacqueline sonrió y nos preguntó si no nos resultaban familiares aquellas respuestas… ¡¡¡Eran muchos de los motivos que hacían que los adultos, en ocasiones, nos alejásemos de una determinada lectura!!!

Pero había mucho más, y los niños también argumentaban la dificultad que tenían para saber qué personaje era el que hablaba en los diálogos de algunas obras o lo complicado que era entender algunas de las palabras presentes en el texto; aunque también es importante destacar el error que cometen algunos autores de literatura infantil que frecuentemente hacen referencias culturales y guiños adultos que los más jóvenes no consiguen comprender o la complicada estructuración que hace que los niños no sean capaces de captar la progresión del relato.

No obstante, el trabajo de maquetación tampoco quedaba exento de aquella crítica infantil que demandaba libros que cubriesen sus necesidades; destacando la importancia que daban los más pequeños al aspecto visual del libro, a las ilustraciones y a la manera en que las palabras se mostraban en una página que, en ningún caso, debía estar sobrecargada y sin espacios.

Y es que, una vez más, los niños nos demostraban que su edad no les impedía tener una actitud crítica y muy coherente ante la lectura; siendo capaces de dar respuesta a los problemas que hacían que la lectura pudiera llegar a convertirse en algo desagradable para ellos y solicitando de forma unánime un tipo de literatura adaptada a su edad, con unos requisitos determinados y acordes a sus necesidades.

Pero para ayudar a que un niño se convierta en lector, será importante también que los libros consigan hacer que se sienta identificado con el protagonista y viva como propias sus emociones y sentimientos o que los ilustraciones presentes en el libro sean coherentes y se correspondan con el texto.

Además, los adultos no debemos caer en el frecuente error de querer conducir a los más pequeños por el camino de la lectura que nosotros consideramos más apropiado; sino que debemos dejar que sean ellos los que experimenten y permitir que descubran a cualquier edad aquel libro que les enganche y haga que, desde ese momento, se conviertan en un nuevo lector.

Por eso, es importante tener en cuenta el hecho de no insistir a los niños a que lean, pues de esta forma lo único que conseguiremos es que vean la lectura como una obligación, como algo que les hace sentir culpables y que poco a poco les va bloqueando hasta que llega un punto en el que jamás querrán volver a acercarse un libro; de esta forma, debemos respetar la opción de los más pequeños a leer o a no leer y a elegir aquellos libros o textos con los que se sientan más cómodos...

El señor Keating estaba apurando el contenido de la taza de café con leche que previamente había pedido cuando, de repente, recordé aquellas últimas lecturas infantiles que yo mismo había leído; me di cuenta de que las obras infantiles también podían aportar muchísimo a los adultos, que podrían servirnos para acercarnos a los niños y que, además, incluso nos podían servir para disfrutar de la lectura cuando no tuviésemos tiempo para desarrollar lecturas más extensas.


Mientras yo estaba enfrascado en mis pensamientos, mis compañeros de viaje habían comenzado a despedirse de Jacqueline y le agradecían su amabilidad, sus consejos y el que nos mostrara aquellos aspectos a tener en cuenta para ayudar a multitud de niños a acercarse al mundo de la literatura; así que, enseguida, me levanté para despedirme amablemente y salir de la cafetería junto a los demás.

¿¿Imposible?? ¡¡Jamás!!

Tras la interesante charla con Pepe Mel y después de jugar un partido de fútbol en el que encajamos una contundente y vergonzosa derrota contra la primera plantilla del Real Betis Balompié, nuestro ánimo no estaba como para seguir pensando en literatura; a pesar de haber jugado contra profesionales y de que el resultado fuese el esperado, nosotros estábamos heridos en nuestro orgullo, enfadados y pensando que siempre se podía haber hecho mucho mejor…

Ese regalo que nos quiso hacer el buen entrenador bético se había convertido en algo que nos hacía daño, no valorábamos la suerte que habíamos tenido de poder disputar un partido contra auténticos profesionales y habíamos comenzado a enfocar de manera negativa nuestra competitividad.

Fue entonces cuando el señor Keating, que hizo el papel de entrenador durante el partido, se molestó con nosotros y nos hizo ver que debíamos aprender a perder y a ganar; porque en el deporte, como en la vida, no siempre se conseguían los objetivos que todos nos marcábamos y nuestro esfuerzo no tenía por qué verse siempre recompensando.

Por eso, nos hizo ver que nuestro único consuelo ante el fracaso estaría en el hecho de saber que habíamos hecho todo lo posible por alcanzar el éxito…

Además, insistió en la idea de que se nos había visto derrotados desde el principio y que ni siquiera nosotros mismos llegamos a creer en ningún momento que pudiésemos ganar aquel partido; de esta forma, nuestro guía y entrenador nos dijo que debíamos estar enfadados por no habernos creído capaces de conseguirlo, por habernos rendido antes de tiempo y por no haber sido capaces de dar lo mejor de nosotros mismos…

¡¡¡Nuestro enfado nunca debía estar basado en el hecho de no haber alcanzado nuestro objetivo o nuestros deseos, sino en el hecho de habernos subestimado y de no haber luchado hasta el final!!!

Y llevaba razón… ¡¡Nos veíamos muy pequeñitos ante la presencia de aquellos futbolistas profesionales!! ¡¡No fuimos capaces de disfrutar del juego y sólo veíamos gigantes donde deberíamos haber visto personas como nosotros!!

No obstante, nuestras quejas siguieron y le dijimos al señor Keating que si nos habíamos rendido nada más comenzar era por un motivo lógico… ¿¿Cómo podríamos ganar nosotros un partido a los profesionales?? ¡¡¡Era totalmente imposible!!!

Nos escudábamos en el hecho de que, en nuestro lugar, cualquier persona habría hecho lo mismo y, consciente o inconscientemente, se habría rendido e infravalorado ante la presencia de una tarea tan complicada como la nuestra; pero el señor Keating no estaba de acuerdo y nos quiso demostrar que nos equivocábamos, así que nos condujo hasta una pequeña casita en la que nos esperaba Cassius Marcellus Clay, el boxeador más grande de todos los tiempos que se convirtió al islamismo adoptando el nombre de “Muhammad Ali”.

Nada más llegar, la pregunta que nos hizo nos pareció uno de esos espectaculares derechazos que años atrás lanzaba en los cuadriláteros; pero, lo cierto, es que nos hizo reaccionar cuando nos preguntó qué sería de aquellos pobres niños que crecieran al lado de unos maestros que no eran capaces de enfrentarse a los problemas y dar lo mejor de sí mismos incluso cuando todo estuviese en contra.

El señor Ali, nos confesó que él jamás se habría rendido y que ese había sido el único secreto de su éxito; pero quiso recalcar la importancia de saber que no hay nada imposible poniéndonos un vídeo que había visto en una serie de televisión y le había recordado muchísimo a su manera de afrontar la vida…



Fue entonces cuando comprendimos que a lo largo de nuestra vida habría ocasiones en las que estaríamos desesperados y perdidos, cuando nos dimos cuenta de que muchas veces deberíamos afrontar tareas muy complicadas e incluso momentos en los que todo el mundo dudaría de nuestra capacidad para alcanzar nuestros objetivos; pero que, bajo ningún concepto, debíamos escudarnos en todo esto para rendirnos y no luchar hasta el final.

Porque además, como el señor Ali había dicho minutos antes, multitud de niños se verían reflejados en nosotros durante su educación y debíamos ser un ejemplo de superación para ellos; debíamos ser capaces de transmitir a las futuras generaciones que no hay nada imposible y que cualquier persona es capaz de alcanzar lo que se propone si realmente lo desea y lucha para conseguirlo, incluso cuando es consciente de sus pocas posibilidades de éxito.

Habíamos entendido lo que el señor Keating y Muhammad Ali nos querían hacer entender y nos habíamos dado cuenta de que debíamos ser nosotros mismos los que luchásemos para conseguir nuestros objetivos pensando que nada es imposible.

Tras una larga e interesante conversación en la que el famoso boxeador nos contó algunas de las anécdotas de su carrera deportiva, el señor Keating nos dijo que debíamos marcharnos; pero antes de hacerlo pidió al Muhammad Ali que nos mostrara aquel vídeo promocional que había realizado junto a algunos otros deportistas algunos años atrás, pues pensaba que podía ser un broche perfecto para afianzar aquellas ideas que nos habían querido transmitir…