14 ene 2012

La creatividad de los "sabios"...

Aquella mañana me desperté mucho más tranquilo que la anterior o, al menos, sin visitas inesperadas; así que me metí en la ducha con más calma y disfrutando del agua caliente…

Aún recordaba el placer que había sentido la pasada noche al crear aquellas poesías y los recuerdos que se agolpaban en mi mente cuando las escribía; así que, cuando el señor Keating nos informó de que aquella noche volveríamos a reunirnos para realizar creación en prosa, noté una extraña sensación agradable recorriendo mi espalda.

Por segundo día consecutivo, hasta que llegase la noche, teníamos tiempo libre para disfrutar del mundo de la literatura como mejor nos pareciese; así que los chicos decidimos convocar uno de esos “consejos de sabios” que tanto tiempo llevábamos sin disfrutar…

Y allí estábamos, de nuevo, aquellos seis chicos que poco a poco habíamos ido forjando una amistad; seis personas que se mostraban apoyo mutuo, que disfrutaban de los buenos momentos juntos e incluso habían sido capaces de superar situaciones difíciles y circunstancias adversas hasta conseguir formar un peculiar equipo.

Nuevamente nos vimos disfrutando de los placeres gastronómicos y reflexionando sobre infinidad de temas tan profundos como... Bueno… ¡¡¡Reflexionando sobre infinidad de temas!!!

Porque, a pesar de esta pequeña broma, en ocasiones nos salíamos de aquel tópico establecido para las conversaciones masculinas y nos convertíamos en filósofos principiantes que reían de la multitud de tonterías y barbaridades que podían llegar a decir.

Poco a poco la tarde había alcanzado su fin, pero ninguno de nosotros se había dado cuenta de que el resto del grupo nos estaría esperando junto a Irune y al señor Keating; así que, tan rápido como pudimos, pusimos rumbo hasta el lugar pactado y tomamos asiento junto a algunas compañeras que nos miraban con recelo por el abandono sufrido anteriormente…

Cuando llegamos, Irune estaba diciendo que un buen truco para repasar las actividades de creación era leerlas en voz alta; pues, de esta forma, la lectura era mucho más lenta y podríamos fijarnos mejor en los pequeños detalles que se nos pudieran escapar con la lectura mental.

Aunque, en esta ocasión, pudimos recibir algunos consejos más como puede ser el hecho de aceptar el error como una posibilidad para aprender y mejorar o la importancia de ser capaz de autoevaluarse para ser crítico y justo con uno mismo; pero lo realmente divertido estaba aún por llegar y, tras aquellas sugerencias, comenzamos a realizar juntos la creación de algunos textos en prosa…

Y la primera propuesta fue realizar una escritura automática en la que, cada cierto tiempo, se nos daría una palabra que debíamos intentar introducir de forma coherente en el texto; lo cierto es que me resultó un poco complicado comenzar pero, en cuanto comencé a escribir, las palabras fueron surgiendo solas y las ideas iban apareciendo en el papel con una facilidad asombrosa:

“Era una tarde más en aquella pequeña habitación en la que nos reuníamos muchos Lunes.

No faltaba la Coca-Cola, los apuntes encima de la mesa, ni aquellas bromas que los cuatro solíamos gastarnos; pero, esta vez, la conversación había tomado un tinte mucho más serio y nuestra compañera nos hablaba de su visión sobre la mala organización escolar que había en el colegio de sus hermanos. Estábamos preparándonos para ser maestros y todo aquello nos resultaba interesante…

La conversación era entretenida y todos dábamos nuestro punto de vista sobre el tema hasta que, de repente, un pequeño escarabajo apareció haciendo que los gritos femeninos terminasen con la conversación; pero Paquito lo metió en una pequeña caja de cerillas decidido a soltarlo posteriormente en los jardines de la universidad, era una gran persona que tenía por bandera el respeto a los animales y el amor por la naturaleza.

Al salir de aquella pequeña habitación, dejamos al animalito encima de una piedra y nos entretuvimos hablando; era bastante tarde y la universidad iba a cerrar cuando, de repente, apareció el bedel y nos amenazó con sacarnos a escobazos si no salíamos cuanto antes…

En ese momento, el miedo nos invadió y salimos corriendo hacia la salida como si de una competición olímpica se tratase.”

De aquella escritura automática salieron infinidad de textos, algunos de ellos muy interesantes; pero la creación literaria en prosa debía continuar, así que Irune decidió que podíamos brindar un pequeño homenaje a Luis Piedrahita, conocido como “el rey de las cosas pequeñas”, y escribir un texto en el que nos pusiéramos en el lugar de un objeto cotidiano.

http://www.luispiedrahita.com/

“Una vez más me veía en aquel lugar estrecho e incómodo, rodeado de algunos a los que consideraban más valiosos y de otros a los que incluso cuidaban menos que a mí; estaba oscuro y la presión me asfixiaba tanto que decidí evadirme en mis propios sentimientos…

Había viajado por muchos lugares de Europa y vivido experiencias inimaginables, había podido observar cómo la gente se peleaba por poseerme y había escuchado secretos inconfesables; pero mi vida seguía estando vacía y no encontraba mi lugar en aquel desagradecido mundo.

¿¿Acaso no se daban cuenta de lo incómodo que era sentirse un simple objeto de intercambio?? ¿¿Por qué no pensaban en lo mal que me encontraba cada vez que me enrollaban para acercarme a aquel maldito polvo blanco?? ¿¿De verdad nadie escuchaba mis gritos de súplica cada vez que mi dueño se entretenía doblándome una y otra vez y arrugándome sin preocuparse de mis sentimientos??

Estaba pensando en aquella vida que me estaba tocando vivir y en el hecho de sentirme como un simple objeto de intercambio cuando, de repente, aquella luz cegadora apareció una vez más; alguno de nosotros volvería a cambiar de compañeros y una nueva persona sería la que guiase su destino. La incertidumbre se apoderaba de todos cada vez que nuestra prisión se abría dejando paso a la luz del Sol...

¡¡Y esta vez me había vuelto a tocar a mí!!

Había cambiado de dueño en multitud de ocasiones, pero todavía sentía cierto miedo e ilusión cada vez que veía cómo una nueva mano me recogía; habían sido tantos traspasos que, el simple tacto de la piel humana me hacía saber el tipo de vida que llevaría durante los siguientes días, horas, semanas o meses…

Pero esta vez estaba siendo muy extraño… Su piel era suave y desprendía amor, me tocaba con cariño y cuidado; como si tuviese miedo a hacerme daño o a romper una de mis delicadas esquinitas…

Entonces pude escuchar a aquel niño tan pequeñito mirándome con sus ojos brillantes, con una sensación de inmensa alegría y orgullo por haber sido capaz de ahorrar aquel primer billete de 20 euros que acababa de cambiar a su padre por infinidad de monedas a las que había dejado de valorar; pero ese ya no era mi problema y yo estaba feliz porque, por fin, me había convertido en algo importante, en un billete al que un niño tan pequeño había cogido tantísimo cariño que decidió quedarse conmigo para siempre.

Por primera vez había dejado de ser un objeto de intercambio para convertirme en algo significativo para alguien y, desde aquel momento, pasé el resto de mis días en una cajita junto con otros objetos de valor con los que hice una gran amistad y compartí multitud de anécdotas y experiencias del pasado; descansando y disfrutando de una nueva vida cuyos mejores momentos eran aquellos en los que mi nuevo dueño abría la cajita para contemplar con admiración todos los recuerdos que en ella había guardados…"

Y tras haber realizado multitud de historias sobre los objetos más cotidianos que podamos llegar a imaginar, llegó el momento de terminar aquella impresionante reunión en la que, bajo la luz de las estrellas, habíamos dejado volar nuestra imaginación.

2 comentarios:

  1. Javi... eres un tio grande!
    ¡Encantado de haber seguido tu viaje, aunque me gustaria haberte acompañado!
    Y encantado del ya tercer año del Consejo de Sabios, y de que éste te haya servido de inspiración para "viajar" un poco más, y animar tus creaciones!
    No te adulo más que se que te ruborizas jeje un abrazo!

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