19 ene 2012

Un encuentro inesperado...

Aquella mañana nos levantamos con un sentimiento extraño en nuestro interior, teníamos la sensación de que nos quedaba algo importante por hacer en ese mundo de la literatura y ninguno sabía de qué podía tratarse…

La historia de la serpiente y la luciérnaga nos había dejado muy buen sabor de boca la noche anterior, pero el nuevo día había despertado en nosotros nuevas inquietudes que ni siquiera éramos capaces de precisar; comenzábamos a sentirnos inquietos e impacientes cuando, de repente, el señor Keating apareció proponiéndonos visitar una biblioteca.

¡¡¡Eso era, precisamente, lo que nos quedaba por conocer!!! ¿¿Cómo no nos habíamos dado cuenta de que un viaje por el mundo de la literatura no sería completo sin la visita a una biblioteca??

En aquel momento desapareció esa inquietud con la que nos habíamos despertado y nos dirigimos alegremente a una biblioteca; era un enorme edificio situado en un bello paraje natural, había un pequeño lago con cisnes y multitud de zonas ajardinadas con árboles y flores…

¡¡Un lugar perfecto para disfrutar de la lectura en soledad o en buena compañía!!

Al entrar, nos extrañó ver a multitud de personajes literarios, pues pensábamos que sólo existían algunos de ellos y que, la gran mayoría, eran ficticios; pero en aquel lugar pudimos observar que el hecho de haberse convertido en protagonistas de diferentes historias, había hecho que aquellos héroes, princesas y demás personajes hubiesen tomado la literatura como una de sus aficiones.

Y allí estaba yo, recorriendo una estantería con los ojos y buscando una obra que me llamase la atención cuando, de repente, observé un libro que ya había leído anteriormente; se trataba de “El caballero de la armadura oxidada”…

En ese momento escuché una voz que me recomendaba la lectura de aquel libro, me di la vuelta y pude ver a un hombre corpulento que me sonreía mientras me alcanzaba el libro; pensé que sería bueno hacerle saber que se trataba de una obra que ya había leído y que simplemente me había llamado la atención verla de nuevo, pero insistió en acompañarme a los jardines exteriores a leer su propia historia…

¡¡¡Claro, era el caballero de la armadura oxidada!!! Jamás había hablado con un personaje literario, pero aquella experiencia me hizo sentir muy bien y decidí aceptar… ¿¿Con quién podría repasar las aventuras de un libro mejor que con su propio protagonista?? ¡¡¡Debía aprovechar aquella oportunidad única!!!

Pasamos unas dos horas leyendo el libro y el tiempo se nos había pasado volando, pues a pesar de ser una obra bastante breve, en su interior había multitud de cosas interesantes; aunque lo realmente inolvidable era el estar recordando los acontecimientos que se detallaban en el libro con el propio protagonista…

El caballero comenzó explicándome que, a lo largo de la vida, todos debíamos enfrentarnos a nuestros propios miedos y que, como le pasó a él mismo en el pasado, a todos nos encierra alguna vez nuestra propia armadura; pero que lo realmente importante era ser capaces de liberarnos de ella…

En aquel momento entendí que lo realmente importante era el hecho de afrontar los miedos sin que nuestra propia armadura se convirtiera en una prisión, pudiendo desprendernos de ella una vez hubiésemos afrontado nuestros problemas; pues, de lo contrario, jamás podríamos volver a disfrutar del calor de unos labios que nos besan, del frío de la mañana azotando nuestro rostro o del suave aroma de las flores en primavera.

Porque, si permitíamos que nuestros miedos nos impidiesen quitarnos la armadura, jamás volveríamos a sentir dolor; pero tampoco volveríamos a disfrutar de la vida plenamente e incluso podríamos llegar a convertirnos en desconocidos para las personas que más queríamos…

Estaba pensando en aquella pequeña historia que había creado en la “fábrica de sueños” y en cómo aquel caballo salvaje debió enfrentarse a sus miedos para poder disfrutar de su vida, pero el caballero interrumpió mis pensamientos y continuó hablando; decía que muchas personas se ponían su propia armadura por miedo y por el deseo de mostrarse a los demás mejores de lo que realmente eran o, mejor dicho, mejores de lo que realmente se consideraban…

Fue en ese instante cuando recordé aquellos momentos en los que yo mismo me había puesto esa pequeña coraza con la que evitar que me dañaran y cuando pude reflexionar sobre la multitud de veces que me había protegido con una armadura que no me permitía sentir dolor pero que tampoco me daba opción a percibir el dolor ajeno; porque todos tenemos momentos de debilidad, pero el caballero me había enseñado que si no nos valoramos a nosotros mismos, nadie sería capaz de valorarnos y, lo que es aún peor, no seríamos capaces de cuidar de las personas a las que amábamos.

Y eso es algo que a cualquier persona debe hacer reflexionar y reaccionar, porque si hay algo capaz de cambiar a un ser humano es el amor y el deseo de proteger a sus seres queridos…

El propio caballero recordaba cómo estos sentimientos habían provocado su deseo de emprender una complicada aventura por el Sendero de la Verdad, un viaje en el que acabaría conociéndose y amándose a sí mismo a través del trayecto por una ruta llena de multitud de obstáculos que le hacían sentir temor ante aquello que desconocía y que pudiera provocarle cualquier tipo de dolor.

De esta forma, guiado por el famoso mago Merlín y con la ayuda de una ardilla y una paloma, el caballero tuvo que enfrentarse a una serie de obstáculos que se encontraba en diferentes castillos que debía cruzar hasta llegar a la cima de la verdad.

Así, en el castillo del silencio, el caballero encontró a su verdadero “yo” y entendió la necesidad de sentir en ocasiones ese silencio y soledad con la que llegar a conocerse mejor y dejar caer las barreras que se había puesto para que todo el mundo viese únicamente lo mejor de sí mismo.

En el castillo del conocimiento, nuestro héroe pudo llegar a la conclusión de que, en ocasiones, el amor se convertía en necesidad y que con la autocompasión no podría llegar a ningún lado; además, entendió que no podía pasar toda su vida intentar agradar a la gente y que él debía ser el primero en aceptarse tal como era.

Pero… ¿¿Qué caballero no se enfrenta alguna vez en sus aventuras a un dragón??

Lo más duro estaba por llegar, y en el castillo de la voluntad y la osadía, nuestro protagonista debió enfrentarse al dragón del miedo y la duda; un dragón que le hizo plantearse la retirada y que lleno de dudas su camino, pero al que se enfrentó con osadía y al que venció a través de la voluntad y del valor que le aportaba el hecho de saber que sus propios miedos no eran más que simples ilusiones…

Tras esta complicada batalla, el caballero comenzó a subir hacia la cima de la verdad y, en su camino, se fue aferrando a esas pequeñas rocas y salientes que representaban todo aquello que conocía, tenía miedo de caer a un vacío infinito que representaba lo desconocido y que le hacía no aceptar sus propias responsabilidades; pero, finalmente, el caballero entendió que la única forma de ser feliz y de librarse definitivamente de su armadura era afrontando su propia vida sin temor y con ilusión.

Realmente el caballero debió luchar muchísimo contra sus propios miedos e inseguridades para poder disfrutar plenamente de su vida y tuvo que conseguir algo tan difícil como es valorarse a sí mismo; pero, antes de marcharse, me reconoció que todo el esfuerzo había merecido la pena para disfrutar de esa nueva vida junto a su familia y poder percibir de nuevo el amor en los ojos de su esposa y la ilusión en la sonrisa de su hijo.

Habían sido unas horas geniales junto a aquel caballero y, probablemente, el hecho de analizar aquella historia junto a su protagonista me hubiese marcado para siempre; pues, desde aquel momento, me propuse intentar dar lo mejor de mí mismo sin armaduras, mostrándome tal como era y valorándome sin temor a que los demás no me aceptaran…

1 comentario:

  1. Tenía que salir también aquí... desde que lo nombraste en clase, me lo imaginé ;)

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