12 ene 2012

Los consejos de una voz autorizada

Tras aquellas horas disfrutando de una merienda junto a nuestro querido señor Keating y a la interesante Jacqueline Kerguéno, nuestro guía decidió que, quizás, podría resultar interesante para nosotros el hecho de recibir los consejos de una voz autorizada en cuanto a literatura infantil y juvenil se refiere; así que, al salir de la cafetería, enseguida contactó con su buena amiga Maite Carranza para concertar una cita con todos nosotros.

Tuvimos suerte, pues la ganadora del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2011 por su obra en catalán “Paraules emmetzinades” (Palabras envenenadas) se encontraba junto a sus hijos en una de las calles adyacentes a la de la cafetería de la que habíamos salido; tardaría un poco en llegar, así que el señor Keating decidió que lo mejor sería citarnos en un parque infantil cercano…

Pero, una vez más, el señor Keating no estaba improvisando; y, mientras nos dirigíamos a aquel pequeño parquecito, nos dijo que siempre era conveniente conocer un poco más de la persona con la que nos fuésemos a entrevistar, así que sacó una hoja de periódico doblada y comenzó a leernos un artículo periodístico firmado por Lourdes Morgades el 24 de Diciembre de 2011.
(http://ccaa.elpais.com/ccaa/2011/12/24/catalunya/1324689388_096231.html).

“Los niños son exigentes y debes ser claro y contundente”

“Maite Carranza, Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil ha charlado con los lectores”.
“La escritora no cree perdida la batalla por fomentar la lectura entre los jóvenes en la era digital”.

“A los dos años le dijeron que ya era mayor. Se lo creyó y empezó a imitar a los adultos. Ellos leían y ella también quería libros. En la adolescencia, con el virus de la lectura inoculado y buena parte de la biblioteca familiar -incluidos los libros “prohibidos” del abuelo, obras eróticas de principios del siglo XX de Felipe Trigo- devorada, decidió que de mayor se dedicaría a escribir, porque, dice, “la literatura es lúdica y fuente de placer a cualquier edad”. Quizá porque ha experimentado que la pasión por la lectura empieza desde la niñez y porque, por experiencia, sabe bien que un niño “no puede leer todo tipo de textos, ni comprender todo tipo de historias”,
Maite Carranza (Barcelona, 1958) se dedica a escribir para niños y jóvenes, y, aunque afirma que fue “una decisión azarosa”, reconoce que resultó “acertada”. La ganadora del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por la novela Paraules emmetzinades (Palabras envenenadas, Edebé) ha confesado en una charla que ha mantenido con los lectores de EL PAÍS que este tipo de literatura le permite mostrarse más sincera y no ocultarse tras la palabrería. Los niños son exigentes y debes ser claro y contundente. Me compensa el contacto que puedo establecer con ellos y sus sonrisas”.

Escritora disciplinada -“es bueno tener reglas, costumbres, rutinas”, asegura-, Maite Carranza se ajusta la altura de la silla para tener los antebrazos paralelos a la mesa y no cargar los hombros y, a ritmo vertiginoso (a un escaso minuto y medio por respuesta: 41 en una hora), ha repasado sin distracción la gestación de la obra por la que ha sido galardonada y sus fuentes de inspiración, así como el oficio de escribir. “Leer mucho, escribir sin ansias de publicar y esperar a estar maduros y convencidos para aventurarse en un relato largo. La precipitación de algunos jóvenes en publicar puede ser su sentencia de muerte”, ha recomendado a los aspirantes a escritores.

El maltrato a las mujeres y la incapacidad de estas para defenderse fueron inicialmente los motivos que llevaron a Carranza a escribir Paraules emmetzinades, la primera novela para jóvenes que trata de manera abierta y clara el tema de los abusos sexuales infantiles. “La obra es una puerta abierta para otros que vengan luego y quieran hablar sobre temas que hasta ahora estaban vedados. Pueden utilizarla como referente. Pasa en todos los ámbitos, siempre hay un antes y un después. Soy optimista”, reconoce.

¿Cómo habituar a los niños a la lectura? La escritora lo tiene claro: leer con ellos en voz alta y declamar, hacerles participar poco a poco en la lectura. “Interesarles por una historia narrada ya supone que les estás interesando en la lectura”, señala. No cree que la batalla por fomentar la lectura entre los más jóvenes se haya perdido en la era de los soportes digitales. “Leer en voz alta en el aula y el fomento de los juegos relacionados con la lectura acostumbran a funcionar”, recomienda a una profesora de lengua en apuros. “La prescripción pura y dura es vista a veces como una imposición”, le advierte.

Se confiesa una lectora “voraz” que aprecia todo tipo de géneros y como escritora no duda en probarlos. “Me gusta variar y sorprenderme a mí misma”, advierte. Cambiar de registros y formatos para no encallarse ni repetirse es su máxima, aunque confiesa que el género humorístico, que marcó sus comienzos en el mundo de la literatura a mitad de la década de 1980, es su favorito a la hora de escribir para los más pequeños. “Me siento más cómoda y puedo hablar con más libertad de temas serios”, asegura. Su criatura más reciente, Víctor, un niño travieso de 11 años con el que es imposible aburrirse, pertenece a él. Para crearlo se ha inspirado en su hijo pequeño que le pedía tener libro propio. Confiesa que el personaje de Víctor y las novelas La princesa Julia (1994, Cruïlla) y ¿Quieres ser el novio de mi hermana? (2002, Edebé) son biografías de sus hijos y de sus experiencias como madre. “Negaré siempre hasta la tumba que mis libros sean autobiográficos”, advierte.”.

Tras acabar de leer el artículo, continuamos andando un poco más hasta llegar a aquel parque; y, mientras esperábamos a Maite Carranza, el señor Keating nos dijo que también podríamos curiosear más tarde la página web y el blog de esta autora que conoceríamos enseguida:

http://www.maitecarranza.com/mccs.html
http://blog.maitecarranza.com/

Mientras nos contaba los contenidos que podríamos encontrar en las páginas web, apareció Maite Carranza saludándonos desde lejos; parecía feliz sintiéndose rodeada de todos aquellos niños que estaban jugando en aquel parque infantil y, con una gran sonrisa dibujada en su cara, llegó hasta aquel banco en el que nos encontrábamos todos.

Tras presentarse y animarnos a hacer una buena labor como docentes, Maite Carranza nos confesó que el señor Keating le había pedido que nos explicase su dilatada experiencia para que pudiéramos entender un poco mejor todo aquello relacionado con la literatura infantil; y antes de que nuestras miradas se hubiesen vuelto hacia nuestro guía, ella comenzó a contarnos que siempre le había gustado leer y que, quizás, por ello había llegado a adquirir el gusto por la escritura durante su adolescencia.

Nos dijo que, si el señor Keating ya nos había leído el artículo del periódico que recientemente habían publicado, seguramente nos habríamos dado cuenta de su opinión en cuanto a la lectura infantil; y es que la señora Carranza pensaba que un niño no podía leer todo tipo de textos, ni comprender todo tipo de historias, sino que, como ya habíamos escuchado en numerosas ocasiones, la literatura infantil debía cumplir una serie de requisitos básicos relacionados con el momento evolutivo en el que se encontrase el lector.

Lo cierto es que todo aquello no nos estaba sorprendiendo demasiado, era algo que ya teníamos muy interiorizado y que conocíamos de sobra; pero enseguida comenzó a hablarnos de lo exigente que puede llegar a ser el público infantil en cuanto a literatura se refiere.

Y es que jamás nos habíamos parado a pensar que escribir literatura infantil pudiera llegar a ser tan complicado como escribir literatura para adultos; pero lo cierto es que, si reflexionamos un poco, no debería extrañarnos que los propios niños sean los que soliciten una literatura sencilla que puedan seguir sin demasiado esfuerzo y en la que el autor haga volar la imaginación del lector sin dejar de ser claro a la hora de expresar el texto.

Porque si pensábamos que cualquier obra literaria infantil gustaría a los más pequeños, estábamos muy equivocados; pues desde edades muy tempranas muestran ya cierta crítica literaria y son capaces de destacar aquellos aspectos de una obra que no les han gustado, explicando sus motivos e incluso dando su punto de vista sobre cómo se podría mejorar la obra en ese sentido…

Estaba notando como, de nuevo, había empezado a volar hacia aquel universo de reflexiones que tanto visitaba desde que llegué al mundo de la literatura; pero es que aquellas palabras de Maite Carranza me habían hecho darme cuenta de lo equivocados que habíamos estado siempre con la literatura infantil.

¿¿Qué motivos teníamos para creer que un niño se conformaría con cualquier cosa?? ¿¿Por qué hasta ahora habíamos pensado que cualquier texto escrito rápido y decorado con bonitas imágenes haría conformarse al joven lector?? ¿¿No merece un niño el mismo esfuerzo que un adulto por parte del escritor??

Pero mientras yo divagaba por aquellos caminos de mi propia mente, Maite Carranza había comenzado a hablar de aquella obra que le había hecho recibir el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil; lo cierto es que trataba un tema delicado y parecía muy satisfecha de haber puesto la primera piedra para que el resto de autores tuviesen, desde ese momento, la oportunidad de escribir sobre ciertos temas difíciles de abordar pero importantes para la educación social de los niños y de los jóvenes.

Y es que, según su punto de vista, la literatura podía ser una buena herramienta de educación además de una magnífica opción para el entretenimiento; aunque insistía continuamente en la necesidad de que la intención del autor no fuese moralizante o pedagógica, pues de ese modo la literatura perdería su esencia y se convertiría en una paraliteratura creada con un fin educativo.

En este sentido, la señora Carranza insistió mucho en que la literatura infantil y juvenil podía contener una serie de enseñanzas implícitas pero que, en primer lugar, debía ser el producto de una voluntad artística con la que el escritor pretendiese llevar al lector a un mundo de ficción en el que poder disfrutar y soñar con los acontecimientos que ocurren a los personajes de la obra.

Todo aquello parecía bastante interesante, pero lo cierto es que tener delante a una persona que había ganado el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil no era cualquier cosa; así que me armé de valor para interrumpirla y confesarle que, además de por la educación y los niños, siempre había tenido un gran interés por la creación literaria y que me gustaría saber qué podría decirme para llegar a convertirme en un gran escritor de literatura infantil.

En aquel momento me regaló una sonrisa, parecía contenta de ver a una persona interesada en la escritura y muy amablemente me contestó diciendo que debía intentar convertirme por un momento en un niño; que lo más importante era entender los gustos, las motivaciones e intereses de los jóvenes lectores para, posteriormente, realizar un trabajo con el que en ningún caso debía obsesionarme.

Me aconsejaba mantener la calma en todo momento y saber lo complicado que era llegar a publicar un libro y convertirse en un escritor valorado por la crítica; pero me recomendó continuar leyendo muchísimo tanto literatura para adultos como literatura infantil, pues pensaba que la lectura siempre podía ayudar a los grandes escritores a mejorar sus propias creaciones…

¿¿Ayudarse de la literatura para crear literatura?? ¡¡¡Parecía algo obvio, quizás fuese una buena forma de adquirir vocabulario, percibir diferentes estilos e incluso perfeccionar mi propia escritura sin darme cuenta!!!

Finalmente, me dijo que no debía obsesionarme con el hecho de escribir mis obras para publicarlas; que, quizás, era mejor plantearse la creación literaria como una forma de disfrutar y de crear historias interesantes para mis alumnos para que, una vez estuviese preparado, pudiese intentar la publicación de aquellas obras que considerase más interesantes y que hubiesen gustado más a todos esos niños de los que me vería rodeado en la escuela…

Y, respecto a esto, quiso finalizar destacando la importancia que teníamos como maestros en el nacimiento de jóvenes lectores; pues pensaba que los profesores de la actualidad teníamos la ventaja de contar con una gran cantidad de obras infantiles que podíamos utilizar para fomentar en los niños ese gusto por la literatura.

Estaba comenzando a anochecer, el tiempo se nos había pasado muy rápido aquella tarde y debíamos descansar otra noche en aquel mundo de la literatura que poco a poco estábamos conociendo en compañía del señor Keating; así que, una vez más, nos despedimos de la persona a la que acabábamos de conocer y pusimos rumbo hacia nuestro alojamiento.

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